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Economía Población y condiciones de vida Aristócratas y burgueses Trabajadores  Valores victorianos Política Imperio

7. Imperio

http://memory.loc.gov/cgi-bin/map_item.pl?data=/home/www/data/gmd/gmd5/g5730/g5730/ct000158.sid&style=gnrlmap&itemLink=D?gmd:2:./temp/~ammem_ie7v::&title=British+Empire+throughout+the+world+exhibited+in+one+view.+ (86542 bytes)

A El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda fue mucho más que el espacio comprendido por las Islas Británicas. Fue la cabeza de un vasto imperio colonial. Todo escolar podía comprender, viendo en el mapamundi coloreados en rojo los territorios sobre los que Su Majestad ejercía la soberanía, las dimensiones e importancia de este Imperio. La existencia de las colonias incidió en múltiples aspectos de la vida británica pero sobre todo resultó determinante en la configuración de la política exterior, esencialmente destinada a mantener e incrementar la herencia colonial. En la pantalla de la izquierda figura un mapamundi de la década de 1850, incluido en la colección de mapas electrónicos de la Biblioteca del Congreso de Washington. Con el paso del tiempo las manchas rojas aumentaron. Parte de esta sección del dossier está dedicada a comentar cómo y por qué se produjo esta expansión.

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B  A lo largo de la época victoriana la aportación en hombres a la defensa de la metrópoli y su Imperio supuso para la población del Reino un moderado esfuerzo, a pesar de la amplitud y dispersión de las posesiones coloniales: entre el 1% y el 2% de los varones formaron parte del ejército. Esta baja proporción se explica porque tanto la India como las colonias de autogobierno aportaron soldados propios. Véanse los datos de los siguientes cuadros:

  • 1 Proporción de hombres bajo las armas: tras el fuerte descenso posterior a las guerras napoleónicas, no se vuelven a alcanzar las cifras relativas de comienzos del siglo XIX. El alza de los efectivos que se produce en torno a 1855-60 responde a la Guerra de Crimea, al motín de la India y al temor a una invasión francesa. El incremento más sostenido a partir de las últimas décadas del siglo se debe al aumento de objetivos a defender a resultas de la expansión imperial, a la guerra bóer y a la intensificación de las rivalidades entre potencias coloniales. Pero incluso contabilizando la reserva disponible para operaciones fuera de territorio británico el porcentaje de población militar queda lejos del 2,5 % existente en 1815. Fuente: Edward M. Spiers, The Army and Society 1815-1914, Londres, Longman, 1980, p. 36

  • 2 Distribución de los efectivos del ejército, 1848 y 1881: la India absorbe la mayor parte de las tropas británicas estacionadas en el exterior pero también aporta la mayoría de los soldados necesarios para su defensa, aunque su número disminuye tras la revuelta de 1857. Fuente: elaborado a partir de A.N. Porter (ed.), Atlas of British overseas expansion, Londres, Routledge, 1991, pp. 119-120

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C Durante todo el siglo XIX el ejército británico fue un ejército compuesto por voluntarios, procedentes de los estratos bajos de la sociedad, y dirigido por oficiales entre los que predominaba la extracción aristocrática y era frecuente, hasta las reformas de 1871, la promoción mediante la compra del cargo.

  • 1 Ocupación civil previa de los reclutas, 1861-1903. Los trabajadores sin cualificar constituyen el componente mayoritario de los integrantes de la tropa, en proporción que tiende a crecer con el transcurso del tiempo. Para estas personas el ejército ofrecía una salida pero para la institución creó problemas de motivación y disciplina similares a los de otros ejércitos europeos en los que tampoco existió durante la mayor parte del siglo XIX el reclutamiento generalizado. Fuente: Spiers, The Army and Society, p. 46

  • 2 Extracción social de coroneles y generales, 1854-1914. La alta oficialidad procede en su mayor parte de la aristocracia terrateniente o de familias militares, situación que permanece constante a lo largo del período. Para los segundones de la aristocracia la carrera militar resultaba atractiva porque era una profesión socialmente prestigiosa y adecuada a los valores cultivados por esta clase social. Fuentes: Edward M. Spiers, The army and society, 1815-1914, Londres, Longman, 1980, p. 8; E. M. Spiers, The late Victorian army, 1868-1902, Manchester, MUP, 1992, p. 94

  • 3 Coste de la compra de las comisiones (1855). El pago de una cantidad en concepto de comisión para asegurarse la promoción dentro de la oficialidad era una práctica común dentro del ejército, con la excepción notable de los cuerpos especializados (artillería, ingenieros). Quienes cumplían con los requisitos para el ascenso tenían que pagar por él para hacerlo efectivo. El sistema perduró hasta 1871. En 1855 el precio pagado para lograr la promoción era más alto que la cantidad establecida inicialmente (1821) y suponía una cifra que podía superar en diez o más veces el sueldo anual. Fuente: L.C.B. Seaman, Victorian England, Londres, Methuen, 1973, p. 204



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D La flota de guerra fue esencial para la seguridad del Reino Unido y el mantenimiento de su Imperio, aunque no absorbió tantos hombres y recursos como el ejército. La superioridad marítima heredada de las guerras napoleónicas pudo mantenerse durante más de medio siglo sin excesivos problemas, pese a episódicas amenazas francesas. Dos de los nuevos tipos de barco de guerra que contribuyeron a asegurar este predominio fueron la cañonera y el acorazado. En el tramo final de la época victoriana el Reino Unido seguía disponiendo de la mayor marina de guerra del mundo, con bases repartidas por todo el globo, pero la supremacía resultaba cada vez más difícil de mantener debido a la aparición de nuevos competidores.

  • 1 Cañonera. Buque a vapor de pequeño calado y bien armado, apto para adentrarse aguas arriba de los ríos. Esta imagen, tomada de la web Hyde County, corresponde al Monticello, cañonera norteamericana empleada durante la Guerra de Secesión. Embarcaciones similares fueron utilizadas por la marina británica en la primera Guerra del Opio (1839-1842) y se mantuvieron en el escenario asiático durante muchos años.

  • 2 Acorazado. Buque a vapor con el casco revestido de hierro, menos vulnerable al fuego enemigo. El Warrior fue el primer acorazado de la Armada Británica (1861), construido en respuesta al primer acorazado francés (Gloire, 1860). Sus dimensiones y poder de fuego, superiores a su antagonista francés, daban a entender el propósito británico de mantener la supremacía marítima tras dos décadas de cierto descuido durante las cuales se había llegado incluso a temer la posibilidad de una invasión por mar. La imagen pertenece a la John's Nautical & Boatbuilding page

  • 3 Bases navales de importancia y estaciones de aprovisionamiento de carbón del Imperio Británico en 1900. El mapa muestra la ubicua presencia británica en los mares, acorde con la importancia que las teorías de la época atribuían al dominio del mar y al esfuerzo que, desde 1889, el gobierno británico estaba realizando, con la intención de mantener una flota tan poderosa como la suma de las fuerzas de sus dos siguientes competidores. Pero recientes desarrollos estaban comenzando a poner en duda la importancia estratégica de la marina: las líneas de ferrocarril transcontinentales permitían situar tropas en puntos lejanos hasta entonces solamente accesibles por mar y el bloqueo marítimo iba dejando de ser decisivo debido al auxilio del propio ferrocarril, al desarrollo de armas antibloqueo y a la falta de autonomía de los buques, necesitados de aprovisionamiento de carbón. Fuente: Aaron L. Friedberg, The Weary Titan: Britain and the Experience of Relative Decline, 1895-1905, Princeton, Princeton Univ. Press, 1988, p. 136

En esta sección de la web oficial de la Royal Navy hay una síntesis de la historia de la marina de guerra británica entre 1815 y 1914


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E En el siglo transcurrido entre la finalización de las Guerras napoleónicas (1815) y el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914) el Imperio británico no cesó de expandirse, aunque las modalidades y causas de esta expansión han sido objeto de discusión entre los historiadores. Para muchos de ellos hacia 1870 se produce la aparición de un nuevo imperialismo, en un contexto de rivalidad entre potencias coloniales. Pero Gallagher y Robinson han insistido en la continuidad durante todo el siglo de un imperialismo caracterizado por la adhesión al libre comercio y la existencia de un imperialismo informal que enmascaró el crecimiento del dominio colonial británico en las décadas anteriores a 1870. En los siguientes cuadros y mapas se puede observar el crecimiento del Imperio británico durante todo el período:

  • 1 El Imperio británico en 1820: el Reino Unido poseía un vasto imperio cuando los demás países, si exceptuamos las viejas potencias coloniales de la Península Ibérica y Holanda, tenían escasos territorios fuera de sus metrópolis. Los núcleos más importantes de este imperio se sitúan en India y Canadá y, secundariamente, en Australia, las Antillas y la costa del golfo de Guinea. El imperio se había beneficiado de las adquisiciones estratégicas obtenidas durante las guerras napoleónicas a expensas de Holanda, Francia y España. Fuente: Canales, La Inglaterra victoriana, p. 293

  • 2 Evolución de la importancia de las colonias, 1826-1913: tanto por su extensión como por su población, el Reino Unido fue siempre la máxima potencia colonial, pese al crecimiento de otros imperios coloniales a partir de las últimas décadas del siglo XIX. El corte en la década de 1870 permite comprobar que en el Reino Unido este crecimiento fue tan vigoroso antes de esta fecha como después, cuando se desató la carrera imperialista. Fuente: Paul Bairoch, "European trade policy, 1815-1914", Cambridge Economic History of Europe, vol. VIII, Cambridge, CUP, p. 105

  • 3 El Imperio británico en 1914: la quinta parte de la población y de la superficie del planeta componen un imperio extendido por todo el globo. Los principales cambios respecto al mapa anterior (1820) han consistido en una más completa ocupación de Canadá, el subcontinente Indio y sus márgenes y Australia, así como en la inclusión de amplias porciones de Africa, principalmente a lo largo del eje Egipto-Sudáfrica, y de enclaves en Extremo Oriente. En el orden administrativo, las colonias habitadas por población mayoritariamente blanca (Canadá, Australia, Nueva Zelanda y El Cabo) han obtenido un cierto grado de autonomía. Fuente: Canales, La Inglaterra victoriana, p. 306

Varios puntos de la red a tener en cuenta:

  • The British Empire es un extenso y cuidado lugar dedicado al Imperio británico

  • La Victorian Web ha reunido en esta sección diversas páginas sobre el Imperio británico

  • British Empire and Commonwealth es un lugar dedicado al ejército imperial británico, con amplia información, pero de carácter casi exclusivamente militar y con mayor énfasis en las etapas recientes

  • Britain's Empire in 1815 es un breve artículo de Michael Porter, incluido en la sección Empire and sea power de la web de historia de la BBC > Church and State)

  • El artículo de A.G. Hopkins, British imperialism. A review and a revision, en Refresh, n 7 (1988)


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F Durante toda la época victoriana la India fue la más importante colonia británica, la joya de la corona, aunque los antiguos territorios bajo la administración de la Compañía de las Indias Orientales no fueron controlados directamente por el estado británico hasta 1858, tras la rebelión de 1857. La proclamación de Victoria como emperatriz de la India (1876) fue el reconocimiento de la posición clave de esta colonia.

  • 1 Posesiones británicas en la India. El mapa permite observar dos rasgos del control británico sobre la India: el carácter temprano de su conquista, prácticamente completada en la década de 1850, y el mantenimiento de estados semiindependientes dentro de la colonia. La rebelión de 1857, que se centró en áreas del centro-norte de India, no supuso a estos efectos una divisoria, aunque sí representó un cambio en la situación administrativa de la colonia, que pasó (1858) a depender de la corona, representada por un virrey. Fuente: Ronald Hyam, Britain's Imperial century, 1815-1914, Londres, Macmillan, 1993, p. 135

  • 2 Exportaciones de la India Británica a China, 1827-1858: la forzada apertura del mercado indio a las importaciones británicas provocó, además de la ruina de la industria textil propia, un desequilibrio en el comercio entre ambos territorios que la India compensó con una balanza comercial favorable con terceros países, entre ellos China, receptora de opio sobre todo en los años previos a 1840. La presencia entre estas exportaciones del índigo, un colorante de origen vegetal usado en la industria textil, y del algodón en rama, juntamente con la escasa exportación de manufacturados de algodón nos habla de la supeditación de la India a los intereses de la economía británica. Fuente: Dietmar Rothermund, An economic history of India, Nueva Delhi, Manohar, 1988, p. 27

  • 3 El cultivo de opio en la India y la exportación del producto a China no fue solamente un cínico procedimiento de obtener pingües beneficios en las relaciones con China. También ha de entenderse en un contexto en el que el consumo del opio en la metrópoli era visto con cierta complacencia, pues se consideraba una droga sedativa de la que se desconocían los efectos adictivos. La imagen de la izquierda, una pipa de opio, remite a la página Opium and Empire in Victorian Britain, una breve descripción sobre el tema

En la red:

  • British India es una sección de Manas, lugar dedicado a la cultura e historia indias, que contiene una breve historia de la India bajo el dominio colonial británico

  • Victorian and Pre-Victorian Colonial Indian es una sección de la Victorian Web en la que se recoge la información sobre la India incluida en dicha web

  • The British Empire tiene, en su sección de artículos, dos textos de interés: The British Press and the Indian Mutiny y The Indian Caste System, ambos escritos por Kevin Hobson

  • British India and the Great Rebellion of 1857 es un breve artículo de Peter Marshall, incluido en la sección Victorians de la web de historia de la BBC

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G China sufrió la aplicación del principio de libre comercio, utilizado para forzar la entrada de mercancías británicas y europeas. El episodio más significativo fue la Primera Guerra del Opio (1839-1842), en la que la resistencia de las autoridades chinas a la entrada de opio sirvió de pretexto para la declaración de guerra. Los siguientes mapas precisan la presencia británica en China y en el sudeste asiático:

  • 1 Presencia británica en China, 1840-1945: a partir de 1842, y gracias al tratado de Nankín que puso fin a la Primera Guerra del Opio, el Reino Unido dispone de enclaves costeros y puertos abiertos al comercio, aumentados al término de la Segunda Guerra del Opio (1858). A esta temprana presencia británica en la costa suroriental, debida a razones económicas, se sumó al final de la época victoriana el interés estratégico por el Tibet y las áreas adyacentes, en el contexto de rivalidad con Rusia en Asia Central. Fuente: Martin Gilbert, The Dent Atlas of British History, Londres, J.M. Dent, 1993, mapa 92, modificado

  • 2 Presencia británica en el Sureste Asiático. El núcleo inicial lo forman los antiguos establecimientos del Estrecho (Penang, 1786, Singapur, 1819 y Malaca, 1824), desde el que entre 1874 y 1896 se amplió la influencia sobre la totalidad de la península malaya ante las expectativas económicas abiertas por la explotación de las minas de estaño y las plantaciones de caucho y el temor al desembarco de otras potencias rivales. Igual destino experimentaron los territorios del norte de la isla de Borneo, reunidos en un protectorado en la década de 1880. Otro núcleo de expansión, ligado administrativamente a la India, se situó en Birmania, anexionada en su totalidad tras la tercera guerra anglobirmana (1885), para evitar la influencia francesa sobre el reino birmano. Fuente: Hyam, British Imperial, p. 207

The Opium War and Foreign Encroachment es una sección de Asia for educators, de la Columbia University. Incluye textos de época

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H En las últimas décadas del siglo XIX las diversas potencias industriales pugnaron por adquirir colonias. El elemento más destacado de esta carrera imperial fue el reparto de Africa. El Reino Unido, que ya disponía de un extenso imperio, participó en este reparto, de forma que al término de la época victoriana sus colonias se habían ampliado considerablemente.

  • 1 Reparto de los continentes y tamaño de los Imperios. Comparación entre 1876 y 1900: la carrera por la adquisición de imperios coloniales en el último cuarto de siglo es, sobre todo, una carrera por el reparto de Africa (la superficie bajo control colonial pasa del 10% a casi el 90%), aunque también se producen adquisiciones significativas en Asia meridional a cargo del Reino Unido y Francia. Fuente: René Girault, Diplomatie européenne et impérialismes, 1871-1914, París, Masson, 1996, p. 150

  • 2 Mapa de Africa en 1900. Cuando el reparto de Africa está prácticamente cerrado el Reino Unido, junto con Francia uno de sus mayores beneficiarios, ha conseguido afianzar sus posesiones en el Norte (valle del Nilo) y sur (Suráfrica) del continente, en parte debido a la propia dinámica subimperialista generada por estos focos iniciales, pero sin lograr comunicar ambos extremos. Fuente: The Penguin Atlas of African History, 1995

  • 3 Adquisiciones coloniales del Reino Unido, 1870-1900. El listado permite comprobar que la fuerte implantación británica en Africa se realiza sin olvidar la adquisición de enclaves estratégicos en otros continentes, como Chipre o las islas Fidji, y la creación de un glacis defensivo en torno a la India para prevenirse de las pretensiones rusas o francesas. La amplitud de las conquistas demuestra que también el Reino Unido estuvo inmerso en estos años en un importante esfuerzo imperialista. Fuente: John A. Hobson, Estudio del Imperialismo, Madrid, Alianza, 1981 (1902), p. 40


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I A partir de 1870 se modifican las circunstancias económicas, sociales y políticas que rodean la expansión imperial. En el terreno económico, la desaceleración del crecimiento y el aumento del proteccionismo hacen de la búsqueda y control de nuevos mercados un objetivo prioritario. El aumento de las inversiones también conlleva la necesidad de un mayor control de las áreas en las que se invierte. Pero una explicación en términos básicamente económicos del Imperialismo resulta inapropiada: pese al estrechamiento de los vínculos económicos entre metrópoli y colonias, los flujos comerciales se siguen realizando en mayor medida con otras áreas y las inversiones se siguen situando mayoritariamente en territorios distintos de los del Imperio.

  • 1 Comercio del Reino Unido, 1870-1909. Si bien la distribución por áreas no distingue entre las colonias y los territorios que no lo son, la escasa participación de Africa y Asia en los flujos comerciales es una evidencia del carácter minoritario del comercio con las colonias, pese a una clara tendencia al aumento de las exportaciones británicas a estas áreas. Fuente: Bernard Porter, The Lion's share. A short history of the British imperialism, 1850-1983, Londres, Longman, 1984, pp. 120-121

  • 2 Exportaciones británicas al Imperio, 1870-1913. La tendencia al crecimiento de la importancia de los mercados coloniales se evidencia mejor en este cuadro: la parte de las exportaciones de artículos relevantes, como los textiles y la maquinaria,  que va a parar a estos mercados aumenta bastante a lo largo del período, pero sin llegar a ser casi nunca mayoritaria. Fuente: Michael W. Doyle, Empires, Ithaca, Cornell University Press, 1986, p. 285 

  • 3 Inversiones británicas en el exterior, 1865-1914. Las inversiones en el Imperio en forma de préstamos al gobierno y participación minoritaria en empresas exteriores (inversiones de cartera) suponen el 40% de las inversiones de este tipo acumuladas entre 1865 y 1914 y se acercan a la mitad del total si se consideran solamente los años más cercanos a 1914. Pero Africa, el continente más deseado, recibe únicamente el 11% de las inversiones acumuladas durante el mencionado período. El gráfico también permite observar hacia qué sectores se dirigen estas inversiones (ferrocarril y obras públicas, sobre todo) y quiénes las captan (más la iniciativa privada que los gobiernos). Fuente: Hyam, British Imperial, p. 26


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J Tampoco una medición en términos exclusivamente económicos de los resultados obtenidos de la explotación del Imperio, un intento en el que se inscribe la polémica sobre los "costes y beneficios" que estuvo de actualidad en la década de 1980 y en los comienzos de la de 1990, resulta del todo satisfactoria. Porque el Imperio aportó otros beneficios que, como el suministro más barato de productos a la metrópoli o la recepción de inmigrantes, no aparecen en un balance contable.

  • 1 Rentas de los capitales invertidos en el Reino Unido, en el Imperio y en el exterior: la rentabilidad de las inversiones situadas en las colonias es la más baja de todas precisamente en el período de mayor pujanza imperialista, 1885-1912. Si se acepta la validez de estos datos (representativos de un conjunto de 500 firmas que operaban en la Bolsa de Londres), fueron las expectativas de beneficios, pero no los beneficios, las que guiaron a los inversionistas. Fuente: Patrick O'Brien, "The costs and benefits of British imperialism", Past and Present, n. 120 (1988), p. 179

  • 2 Los costes de la defensa: impuestos y gastos militares por persona, 1860-1914. No sólo invertir en el Imperio resultaba un negocio poco rentable, sino que además la factura a pagar por el mantenimiento del Imperio era más elevada que la de los competidores británicos, pues los costes de su defensa, mayores que los que tenían que soportar otros países industrializados, recaían muy mayoritariamente sobre la población de la metrópoli. Fuente: O'Brien, "The costs and benefits of British imperialism", p. 187

  • 3 Los costes de la defensa: porcentajes de la renta nacional británica dedicados a gastos militares. Los datos que aquí se presentan son muy distintos de la anterior estimación y muestran unos costes menores o similares a los de otras potencias (Francia y Alemania), con la excepción de los años de la guerra bóer. Parte de esta diferencia se debe a que en este caso el coste se expresa en términos proporcionales a la riqueza de cada país, una medida más real del esfuerzo requerido. Por otro lado, y además de la mayor extensión del territorio a defender en el caso británico, cualquier cálculo del coste del mantenimiento del imperio ha de tener en cuenta la contrapartida militar que ofrecieron las posesiones británicas, utilizadas tanto en la defensa de su propio territorio como en otras operaciones  más allá del mismo, en especial durante la Primera Guerra Mundial. Fuente: Avner Offer, "The British Empire, 1970-1914. A waste of money?", Economic History Review (1993), p. 225

  • 4 Número y destino de los emigrantes del Reino Unido: entre 1870 y 1914 más de una de cada tres personas se dirigen a las colonias, un porcentaje que aumenta hasta el 50% de considerar solamente el decenio anterior a 1914. Además de ser una válvula de escape a las posibles tensiones sociales gracias a su capacidad de absorción de un importante flujo de inmigrantes, las colonias también contribuyeron a mejorar el nivel de vida de la población británica al facilitar alimentos y materias primas baratas y, de una manera más difusa pero igualmente importante, aportaron a los habitantes de la metrópoli dosis de autocomplacencia y orgullo patriótico. Fuente: Porter, Atlas, p. 85

Was the British Empire 1870-1914 a Waste of Money? es un breve  ensayo que recoge la discusión sobre los costes y beneficios del Imperio, realizado por un graduado británico en historia, NIcholas Richards, .


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K Además de móviles económicos, existieron otras motivaciones que impulsaron el Imperialismo. Políticas, sociales e ideológicas. Dos fragmentos de discursos de dirigentes conservadores británicos, Salisbury y Chamberlain, permiten comprobar la presencia de algunos de estos impulsos. Ideólogos de la expansión imperial como Seeley proporcionaron el instrumental teórico de los planteamientos imperialistas.

  • 1 Una teoría darwinista de la competencia entre naciones: discurso de Salisbury (Albert Hall, 4 mayo 1898). Según Darwin, era únicamente en la naturaleza donde regía la evolución de las especies mediante selección de los organismos mejor adaptados, pero pronto Spencer, contemporáneo de Darwin, aplicó a la sociedad humana la idea originaria de Darwin y más adelante se entendió que la lucha por la supervivencia se producía entre naciones. Esta última interpretación impregna el vocabulario del líder político conservador. Fuente: L.C.B. Seaman, Victorian England. Aspects of English and Imperial history, 1837-1901, Londres, Methuen, 1973, p. 375

  • 2 El Imperio como deber: discurso de Chamberlain (Royal Colonial Institute, 31 marzo 1897). El antes político liberal y desde 1895 ministro de Colonias con los conservadores fue uno de los adalides del imperialismo. En este texto defiende la necesidad una unión más estrecha de todos los componentes de ascendencia británica del Imperio para asegurar la hegemonía británica en una era de grandes imperios, así como la obligación de exportar la civilización a los pueblos bárbaros, incluso si éstos se resisten. El deber moral de transmitir la religión y la cultura a los pueblos inferiores, a quienes el racismo imperante considera incapaces de superarse por sí mismos, se asienta en la creencia en la superioridad y universalidad de los valores cristianos, especialmente los propios del país. Fuente: Mr. Chamberlain's Speeches (ed. C.W.Boyd), 1914, 2 vols; II, pp. 1-6; reproducido en Handcock, English Historical Documents, vol. XII (2), pp. 388-391

  • 3 La necesidad del Imperio. Este texto pertenece a un libro de gran impacto por el tono didáctico de sus planteamientos. Su autor, Seeley, argumenta en él que lo más significativo de la historia británica de los últimos siglos, por encima de los avances en el terreno de la libertad y de la democracia, ha sido la creación del Imperio. Para seguirse manteniendo como un gran estado, equiparable a Estados y Rusia, ha de conservarlo. Otros historiadores de la época defendieron también ideas de estas características. Fuente: John Robert Seeley, The expansion of England, Londres, 1883

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L La ideología imperialista se vio favorecida por la existencia de una activa propaganda, sobre todo a cargo de instancias no oficiales, que halló en los nuevos medios proporcionados por el music hall, la literatura destinada al público juvenil, la prensa sensacionalista y el incipiente mercado de masas un vehículo adecuado para su difusión.

  • 1 La captura del rey zulú. Punch, 19-3-1879. Esta caricatura y la siguiente proceden de la revista Punch, una publicación satírica de amplia difusión entre la clase media, y son ilustrativas de  la difusión entre la población británica de los clichés racistas con que eran vistos los zulúes en la época de su enfrentamiento con Gran Bretaña. Obsérvense la vestimenta característica del salvaje y los rasgos de su cara y el perfil huidizo de su frente, típicos de una raza inferior. Comentario de Alison Abruzzese. En The Punch Cartoons Page, un proyecto dirigido por Anthony Wohl

  • 2 Una lección. Punch, 1-3-1879. Se repiten la semidesnudez del zulú y los rasgos simiescos de su cara. Comentario de Elizabeth Hires. En The Punch Cartoons Page, un proyecto dirigido por Anthony Wohl

  • 3 Propaganda comercial. La utilización de imágenes y símbolos imperiales en los anuncios de productos de amplio consumo resulta relativamente frecuente desde las últimas décadas del siglo XIX, coincidiendo con el desarrollo del mercado de masas. Los 16 anuncios seleccionados en la sección Advertising de la web The British Empire procuran mediante el uso de una simbología muy explícita (banderas y escudos, soldados o marines, exploradores, políticos identificables por su vocación imperialista, la Corona, el  mapamundi con las posesiones británicas...) vincular el producto que se anuncia (en su mayoría alimentos: galletas, chocolate, mostaza, bizcochos o café)  con las bondades del Imperio, en la confianza de que esta asociación favorecerá su adquisición por un consumidor británico sensible al patriotismo imperialista. La repetición de este tipo de anuncios contribuyó a familiarizar al público con la causa del Imperio

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M Aunque se trata de un tema polémico, hay suficientes indicios para poder afirmar que los trabajadores no estuvieron al margen del patriotismo belicista, conocido como jingoísmo desde que la expresión By Jingo se usó en 1878 en un music-hall que invitaba a oponerse a la expansión rusa en los Balcanes. Si amplios sectores de la población hubiesen sido poco receptivos difícilmente habrían prosperado una serie de iniciativas comerciales (music hall, anuncios de artículos de consumo envueltos en una clara simbología imperialista, prensa de gran tirada y contenido proimperialista) porque los empresarios no habrían arriesgado su dinero en un mercado hostil. Pulsando la pantalla adjunta se accede al texto, sin traducir, de la letra de la canción By Jingo.

  • Patriotism or pleasure? es un artículo de Lorna Jackson en el que se plantean las razones del éxito entre la población trabajadora de los Volunteers, la fuerza armada de carácter voluntario creada en 1859. Está publicado en The Sports Historian, 19, 1 (May 1999)

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N Dos de las principales áreas de expansión colonial británica en esta era del imperialismo fueron el valle del Nilo y el extremo meridional de Africa. Ambos casos son un ejemplo de la variedad de influencias que impulsaron la expansión imperial

  • 1 El Valle del Nilo. La ocupación británica de Egipto se produjo en 1882, propiciada por la defensa de los intereses financieros, comerciales y estratégicos (aumentados con la apertura del canal de Suez) y por el temor a una presencia francesa. Sudán, territorio vinculado a Egipto, fue controlado definitivamente en 1898, luego de un primer intento que acabó con la derrota y muerte de la expedición del general Gordon (1885) y tras rechazar las pretensiones francesas sobre la zona (incidente de Fashoda, 1898). Fuente: Hyam, British Imperial century, p. 51

  • 2 La ocupación de Egipto se consumó durante el mandato de Gladstone, un político que había criticado la orientación imperialista de su predecesor Disraeli. La impopularidad del jedive Tawfiq, un gobernante impuesto por británicos y franceses en 1879 porque se avino a aceptar el control de las finanzas egipcias por los representantes europeos, condujo a la formación de un amplio frente nacionalista encabezado por el coronel Urabi, que se hizo con el control del ministerio de la Guerra. La presión francobritánica condujo al estallido de violentas protestas en Alejandría y la réplica unilateral de Gran Bretaña, que bombardeó la ciudad con su flota (julio de 1882) y restableció la autoridad del jedive. Al mes siguiente un ejército británico de 20.000 al mando de Wolseley se adentró en el país y en setiembre derrotó a las fuerzas de Urabi. La caricatura de la izquierda recoge de forma humorística el enfrentamiento entre el líder nacionalista y el militar británico. Apareció el 16 de setiembre de 1886 en el semanario ilustrado estadounidense Harper's Weekly, reproducido en Harpweek, una base de datos con el contenido del semanario entre 1857 y 1812, con acceso por ahora gratuito. Se puede encontrar más información sobre el contexto en el que se produjo la ocupación británica en From intervention to occupation, 1876-82, parte de una más amplia web

  • 3 Suráfrica. La presencia británica en el extremo meridional de Africa se inició mucho antes, con la ocupación de la colonia holandesa de El Cabo durante las Guerras Napoleónicas (1806). Pero no hubo un verdadero interés por la zona hasta más allá de 1860, cuando se descubrieron minas de diamantes en Griqualand. Desde entonces el Reino Unido pugnó por controlar las repúblicas de Orange y Transvaal, establecidas por los colonos holandeses que marcharon de El Cabo descontentos con la administración británica. El conflicto, agravado por el descubrimiento de oro en Transvaal, la cercana presencia alemana en el Africa suroccidental y la expansión británica por iniciativa privada en Rhodesia, acabó en una costosa guerra contra las repúblicas bóers (1899-1902), integradas finalmente en la Unión Sudafricana (1910). Fuente: Sellman, Modern British, p. 47

Diversos lugares en la red proporcionan información sobre la expansión británica en el sur de Africa:

  • History of the Anglo-Zulu war incluye información e imágenes de esta guerra colonial (1878)

  • Zulu: the true story es un breve artículo de Saul Davis,  incluido en la sección Victorians de la web de historia de la BBC

  • Shula Marks on the South African War contiene el artículo de Shula Marks (Univ. de Londres) Rewriting the South African War, en la publicación virtual H-Africa (mayo 2003). Se trata de un estado de la cuestión sobre la Guerra Bóer (1899-1902) a la luz de las publicaciones recientes

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Ñ La política exterior británica a lo largo de toda la época victoriana giró en torno a tres objetivos básicos: evitar la aparición de un poder dominante en el continente europeo, mantener la posesión de la India y disponer de la supremacía de los mares y con ella el control de las rutas comerciales. Estos objetivos se consiguieron sin tener que participar en graves conflictos militares hasta la Guerra de Crimea. El Reino Unido pudo permitirse hasta entonces, y en menor medida en la década de gobierno de Palmerston, no inmiscuirse en la política europea excepto para defender los intereses británicos en nombre de las libertades. Es la posición sostenida por Palmerston en el discurso al Parlamento (1 marzo 1848) incluido en la pantalla adjunta. Fuente: Hansard, 3rd ser., XCVII, pp. 122-123 (reproducido en M.E. Chamberlain, British Foreign Policy in the age of Palmerston, Londres, Longman, 1980, p. 123)

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O En la guerra de Crimea (1854-1856) confluyeron la preocupación por el equilibrio europeo y la amenaza que para el control de la India podía representar el desmembramiento del Imperio otomano en beneficio de Rusia. Aunque el resultado de la guerra fue favorable a los intereses británicos, su alto coste en dinero y vidas humanas y la imagen de ineficiencia evidenciada por los mandos militares desataron unas protestas que inicialmente habían quedado confinadas al ala radical del naciente partido Liberal.

  • 1 Mapa  de la península Crimea, con las áreas en las que se desarrolló la guerra. La guerra tuvo su escenario inicial en la península balcánica, donde las tropas francobritánicas expulsaron a los rusos de Moldavia y Valaquia (1854), pero las operaciones pronto se trasladaron a la península de Crimea, donde los aliados intentaron acabar con la base marítima rusa de Sebastopol. El largo sitio de la ciudad y las batallas por el control de sus accesos (1854-1855) fueron los episodios más significativos de una guerra en la que las enfermedades, el frío y el hambre fueron los mayores enemigos de los ejércitos sitiadores. Fuente: The Crimean War 1854-1856

  • 2 Dos posiciones contrapuestas ante la guerra de Crimea: el whig Russell y el radical Bright discrepan en 1854 sobre la conveniencia de la guerra. El pacifismo de Bright, fundamentado en el coste de la intervención, tenía pocos seguidores fuera de un puñado de radicales, algo que el propio Bright pudo comprobar a su costa cuando en las siguientes elecciones (1857) perdió su escaño. La postura de Russell de asociar la defensa activa de las libertades con los intereses y la prosperidad británica era parecida a la de Palmerston, por entonces temporalmente alejado de la dirección de la política exterior. Fuente: Byrne, Britain and the European Powers, pp. 96 y 98

Los siguientes lugares ofrecen información sobre la Guerra de Crimea:

  • Esta web de la Crimean War Research Society incluye también una colección de textos de época

  • The Crimean War contiene además información sobre el funcionamiento del ejército en aquellos años


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P En el último tercio del siglo XIX los Conservadores fueron quienes defendieron una política de mayor implicación británica en el escenario político internacional y, sobre todo, de expansión imperial, en unas condiciones más difíciles que las existentes en la época de Palmerston, debido a los efectos desestabilizadores de la aparición de Alemania y de la rivalidad entre potencias coloniales. Disraeli primero y después Chamberlain son los mayores exponentes de la posición conservadora en esta materia.

  • 1 Discurso de Disraeli en el Crystal Palace (1872). En este texto, en el que se critica el supuesto desinterés liberal por las colonias y se hace de la defensa de la posición británica en la India la clave de la política imperial, se adivinan algunos de los rasgos de la política exterior que aplicará el gobernante conservador durante su mandato, más comprometida en la expansión colonial y dispuesta a hacer del imperialismo un arma de uso interno. Fuente: Frank McDonough, The British Empire 1815-1914, Londres, Hodder & Stoughton, 1994, pp. 72-73

  • 2 Mapa de Europa tras el Congreso de Berlín (1878). La preocupación por evitar la disgregación del Imperio otomano en beneficio ruso, algo que comprometería la conexión  británica con la India, llevó a Disraeli a forzar en el Congreso de Berlín una solución diplomática que comportaba la creación de estados tapón en los Balcanes, además de conseguir para su país la isla de Chipre. Fue un éxito de primer ministro británico, participante en el Congreso, que le permitió salir indemne de las críticas liberales a la carencia de escrúpulos morales mostrada al apoyar al régimen turco. Fuente: Europe Map, 1878, parte de un curso virtual de historia de las civilizaciones editado por W.W. Norton & Company

  • 3 Discurso de Chamberlain en el ayuntamiento de Birmingham (16-5-1902). La defensa que el otrora alcalde de Birmingham hace del proteccionismo --permitirá fortalecer el Imperio y resistir la competencia económica de otras potencias-- acabaría dañando las perspectivas electorales del partido Conservador y la carrera política del ministro, pues el abandono del librecambismo afectaba a demasiados intereses ligados a la industria y al comercio y se temía que supusiese el fin de los alimentos baratos, dada la incapacidad de las colonias de sustituir eficazmente a los países extranjeros como granero de la metrópoli. Fuente: Harry Browne, Joseph Chamberlain, radical and imperialist, Londres, Longman, 1974, pp. 91-02

The Treaty of Berlin: 1878 reproduce parte de un libro editado en 1963 (Stavrianos, The Balkans since 1453)

 



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© Esteban Canales. Setiembre 2006