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DISCURSO DE CHAMBERLAIN (1902) Para los estadistas y los observadores atentos la posición en que se encuentra este país no es cómoda. La envidia política ... la mayor rivalidad comercial que nunca hemos tenido, la presión de las tarifas aduaneras hostiles, de las subvenciones y de los subsidios se están convirtiendo en más fuertes y aparentes. ¿Cuál es el objetivo de este sistema adoptado por países que, en todo caso, son muy prósperos, países como Alemania y otros grandes estados continentales? ¿Cuál es el propósito de esta política de primas y subsidios? Se admite. No hay secreto en ello. La intención es excluir a este país, en la medida de lo posible, de todo comercio provechoso con aquellos estados extranjeros y al mismo tiempo permitir a tales países vender en nuestros mercados a menor precio. Esta es la política. Y vemos que está alcanzando un gran desarrollo; que las antiguas ideas de comercio y libre competencia han cambiado. Nos enfrentamos a grandes monopolios, a enormes trusts, que disponen de riquezas gigantescas. Incluso están en peligro aquellas industrias y comercio que creemos más peculiares. Es del todo imposible que estos nuevos métodos de competencia puedan contrarrestarse con la adhesión a viejos y anticuados métodos que eran del todo correctos en la época en que se desarrollaron. En el momento actual el Imperio está siendo atacado desde todos los lados y, en nuestro aislamiento, debemos ocuparnos de nosotros mismos. Tenemos que fortalecer nuestras relaciones internas, los lazos de sentimiento, los lazos de simpatía y, también, los lazos de interés. Si por adhesión a la pedantería económica, a viejos credos, vamos a perder las oportunidades de unión más estrecha que nos ofrecen nuestras colonias, si vamos a desperdiciar ocasiones que ahora están a nuestro alcance para mantener el comercio británico en manos británicas, estoy seguro de que merecemos los desastres que infaliblemente nos caerán encima (...) Es tiempo de grandes Imperios y no de pequeños Estados. Esteban Canales, Siete paseos por la Inglaterra victoriana. Fuente: Harry Browne, Joseph Chamberlain, radical and imperialist, Londres, Longman, 1974, pp. 91-02 |