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Economía Población y condiciones de vida Aristócratas y burgueses Trabajadores  Valores victorianos Política Imperio

4. Trabajadores

 

 

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A Al igual que ocurre con la burguesía, la población trabajadora presenta una variedad que hace difícil considerarla, al menos durante la mayor parte del siglo XIX, integrada en una única clase. La población trabajadora era, especialmente en las primeras décadas del siglo XIX, un conjunto heterogéneo, compuesto por gentes ocupadas en diversas áreas de la actividad económica y con un diverso grado de inserción en los cambios tecnológicos y organizativos de la nueva economía: artesanos cualificados, artesanos en vías de degradación (como los tejedores manuales), obreros especializados de fábrica, mano de obra infantil y femenina de las mismas fábricas, jornaleros agrícolas y personal (muy mayoritariamente femenino) empleado en el servicio doméstico formaban un mosaico muy variado. Incluso entre los historiadores que creen que puede hablarse de una identidad común entre los trabajadores y de la existencia de una conciencia de la misma, existen discrepancias sobre el momento a partir del cuál resulta apropiado hablar, en singular, de clase trabajadora.

  • 1 Thompson sitúa muy tempranamente, antes del Cartismo, la formación de la clase trabajadora, que en las décadas iniciales del siglo todavía tenía un fuerte componente artesanal. Son las experiencias de estos años, en buena medida la lucha contra el proceso de degradación o la amenaza de degradación que gravita sobre estos artesanos, las que conducen a la formación de una conciencia común, que se traduce en una actuación en defensa de intereses comunes. Esta formación de una identidad de clase en fechas tan tempranas, que el propio Thompson indica que no hay que entenderla como una consolidación definitiva, orientó durante algunos años los estudios de los historiadores del tema a la búsqueda de datos que permitiesen contrastar la presencia de una clase trabajadora consciente en diversas localidades de la Inglaterra industrial durante la primera mitad del siglo XIX, con resultados desiguales, al tiempo que otro de estos historiadores, G.S. Jones, afirmaba la continuidad del viejo radicalismo interclasista entre los trabajadores de la época analizada por Thompson, lo que explicaría mejor el retroceso postcartista. Fuente: E.P. Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989, I, p. XVI y II, pp.477-478

  • 2 En opinión de Hobsbawm la discontinuidad que se produce tras el Cartismo obliga a considerar el nacimiento de la clase obrera en una época muy posterior a la indicada por Thompson, sin negar por ello a este autor, con quien comparte una idéntica visión general de la historia, que en las décadas iniciales del siglo existiese una cierta conciencia de clase. Pero  no es hasta las décadas finales del siglo cuando puede hablarse de una clase trabajadora, surgida de la homogeneización del mundo del trabajo que acompaña a la expansión del capitalismo industrial. A diferencia de Thompson, Hobsbawm está pensando en un proletariado compuesto por obreros de fábrica. Fuente: Eric Hobsbawm, El mundo del trabajo (Barcelona, Crítica, 1987), pp. 239-240

  • 3 La industria fue el sector que aglutinó a la mayor parte de la población trabajadora y lo fue en una proporción creciente (ver distribución de la mano de obra británica). Este cuadro, al igual que otro similar sobre la distribución de la mano de obra industrial, nos muestra la cuantía y diversidad de las ocupaciones industriales, aunque no alcanza a reflejar la heterogeneidad de las mismas, pues dentro de una única actividad solían convivir trabajadores con diferencias de cualificación y de género, además de otras derivadas de su mayor o menor control del propio trabajo y del mayor o menor grado de mecanización del mismo. Fuentes: P. Mathias, The first industrial nation (Londres, Methuen, 1983, p. 224) y F. Crouzet, The Victorian economy (Londres, Methuen, 1982, p. 189).

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B El hecho de la industrialización británica no ha de hacernos olvidar que, todavía a mediados del siglo XIX, el millón y medio de trabajadores agrícolas superaba al número de personas ocupadas en el conjunto de industrias textiles. Estos trabajadores también vieron alteradas de forma importante sus condiciones de vida durante el mismo período en el que sus homónimos urbanos experimentaban las repercusiones de la revolución industrial.

  • 1 Uno de los elementos transformadores de la agricultura británica y de las condiciones de vida de la población que dependía de ella fue el cercado de los campos. El cercado supuso la transformación del paisaje agrario, como puede verse en esta imagen del antes y después del vallado en la localidad de Helpston, en el Northamptonshire: los campos abiertos (open fields) que se extendían por el término en 1779 y que agrupaban las tierras de múltiples propietarios, han dado paso en 1827 a una geografía más regular, resultado de la concentración de las diversas parcelas de un propietario en una única explotación y del cercado de la misma. En el proceso, las tierras de aprovechamiento común han desaparecido y los propietarios han ganado el pleno control sobre el aprovechamiento de sus campos. Fuente: David Taylor, Mastering economic and social history, Londres, Macmillan, 1988, p. 39

  • 2 Aunque algunos de los cercados se hicieron por acuerdo entre particulares, la mayor parte del proceso de cercamiento que tuvo lugar a partir de mediados del siglo XVIII se realizó mediante leyes parlamentarias, lo que ha permitido medir la geografía y cronología del fenómeno. En este mapa se observa que la mayor intensidad del cercado de tierras tuvo lugar en las áreas centrales de Inglaterra, una zona de suelos aptos para su uso como pastos, donde la conversión se realizó más tempranamente. Fuente: E.J. Hobsbawm y G. Rudé, revolución industrial y revuelta agraria. El capitán Swing, Madrid, Siglo XXI, 1978, p. 27

  • 3 Una parte importante de los cercamientos se realizó durante las décadas de 1760 y 1770, aprovechando las oportunidades originadas por el crecimiento de la demanda de carne y productos lácteos, y en el período de las guerras napoleónicas, cuando la demanda de cereales hizo rentable poner en cultivo áreas marginales. Como consecuencia de esta privatización del uso de la tierra, empeoró la situación del sector de la población (minúsculos arrendatarios o propietarios así como trabajadores) para quienes los campos abiertos y la existencia de bosques y pastizales representaban la posibilidad de complementar sus ingresos. Este empeoramiento coincidió aproximadamente en el tiempo con la progresiva sustitución en las explotaciones agrícolas de una mano de obra más bien estable y alojada en la granja de su patrón por trabajadores alquilados a jornal. Fuente: Michael Turner, "Enclosures re-opened", Refresh, n. 26 (1998)

  • 4 En este texto Joseph Arch (1826-1919), fundador de un importante sindicato de trabajadores del campo (National Agricultural Labourers' Union, 1872), recuerda la situación vivida en su niñez, cuando los efectos de la proletarización y la pérdida de derechos de uso de la tierra ya se habían hecho notar entre los trabajadores agrícolas. En la descripción se denuncian las prácticas especulativas de acaparamiento de trigo y el ambiente asfixiante que se daba en las aldeas, donde la Iglesia anglicana, a través de la figura del párroco y del control de la administración de la caridad, imponía a los feligreses pobres una actitud de deferencia y acatamiento que excluía alternativas religiosas o iniciativas al margen de los poderes establecidos. En los casos de los "closed villages", como parece ser éste, donde la mayor parte de la tierra estaba en poder de un único terrateniente, la jerarquización y el control social eran mayores. Fuente: Joseph Arch, The life of Joseph Arch by himself, pp. 10-35 (1898). Reproducido en Marjorie Bloy, The Peel Web, Joseph Arch's account of village life in the 1830s

Dos breves artículos accesibles en la red sirven para introducirse en el tema de los cercados, ambos escritos por Michael Turner para Refresh:

  • Parliamentary enclosures: gains and costs (3, 1986)

  • Enclosures re-opened (26, 1998)

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C Los artesanos componían, en las primeras décadas del siglo XIX, un sector denso y heterogéneo, que englobaba desde trabajadores altamente cualificados y con un cierto control de su propio trabajo, hasta otros trabajadores que, como los tejedores manuales, habían ido perdiendo autonomía a la par que se degradaba su situación general. Los materiales de este apartado ilustran sobre las difíciles circunstancias que atravesaron hasta su extinción.

  • 1 Salario de los tejedores manuales en Oldham, una localidad industrial de Lancashire, entre 1790 y mediados de la década de 1830. Se observa una fuerte pérdida de ingresos y un contraste con la evolución de los artesanos de la construcción, un grupo resguardado de la degradación por el carácter cualificado de su trabajo. Los tejedores manuales, trabajadores a domicilio con telar propio o alquilado, se beneficiaron inicialmente del aumento de la demanda de tejidos generada por la temprana mecanización de la hilatura y pudieron resistir la competencia de los primeros telares mecánicos, poco eficientes, pero el aumento del número de tejedores manuales tras las guerras napoleónicas y la aparición de telares mecánicos perfeccionados poco antes de 1830, presionaron sus ingresos a la baja. Fuente: J. Foster, Class struggle and the Industrial Revolution, Londres, Methuen, 1974, p. 36

  • 2 Evolución de los ingresos semanales de una familia de tejedores, 1814-1832. Como en el ejemplo anterior, el empeoramiento que se produce a partir del término de las guerras napoleónicas hace insostenible la posición de los tejedores manuales, que únicamente pudieron subsistir gracias al trabajo en el telar durante más y más horas de varios miembros de una misma familia. Fuente: Neil Tonge, Industrialisation and society 1700-1914, Londres, Nelson, 1993, p. 72

  • 3 Evolución del número de trabajadores de fábrica y tejedores manuales, 1806-1860. Los tejedores manuales de algodón, en aumento durante las primeras décadas del siglo por la demanda de tejido de la industria textil, solamente pueden resistir durante un tiempo la competencia de las máquinas a costa de reducir sus ingresos, como hemos visto en otros gráficos de esta sección, antes de entrar en vías de extinción, aunque durante algún tiempo todavía fueron utilizados por la industria textil para atender los momentos de mayor demanda. Fuente: Cook y Stevenson, Atlas, p. 3

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D La industria textil fue durante todo el siglo XIX el sector más importante de la actividad industrial por el volumen de la mano de obra que se dedicó a ella, con la industria algodonera como la rama más destacado. Los siguientes cuadros y gráficos ofrecen información sobre algunas de las características de la población ocupada en esta especialidad.

  • 1 Composición por edad y sexo de los trabajadores de la industria algodonera, 1835-1904. La población masculina adulta fue siempre una minoría de apenas la cuarta parte del total de la mano de obra, por lo común empleada en las actividades más especializadas y mejor remuneradas. La actividad más característica de la industrialización británica y la que tuvo una mayor presencia en el conjunto de las exportaciones estuvo sostenida por una fuerza de trabajo formada por mujeres, niños y jóvenes de ambos sexos. Fuente: E. Canales, La Inglaterra victoriana, p.137

  • 2 Empleo en las fábricas textiles de Gran Bretaña por edad y sexo, en 1839. Estos datos confirman la presencia mayoritaria del trabajo femenino, juvenil e infantil y la extienden al conjunto de la industria textil. La mano de obra infantil, en disminución tras la aprobación en 1833 primera ley reguladora del trabajo de los niños, se utilizaba en labores secundarias pero peligrosas, como la recogida de desperdicios debajo de las hiladoras mecánicas o la reparación de las hebras que rompía la tracción de la máquina de hilar. Fuente: E. Royle, Modern Britain. A social history 1750-1985, Londres, E. Arnold, 1988, p. 100

  • 3 Salario de los hiladores mecánicos en Oldham, 1810-1860. A diferencia de los tejedores manuales, la evolución de los salarios de estos trabajadores de fábrica es muy positiva hasta mediados de la década de 1830, momento en el que la difusión de una nueva máquina de hilar automática (selfactina) hace menos necesario el trabajo especializado. Fuente: Foster, Class struggle, p. 62

 

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E La minería del carbón experimentó un rápido desarrollo durante el siglo XIX hasta convertirse en una de las actividades más importantes de la economía británica, tanto por su contribución al producto nacional (un 6% en 1900), como por la mano de obra empleada en ella (cerca de 800.000 personas al término de la época victoriana), aunque no se produjeron grandes transformaciones en las condiciones de trabajo en las minas.

  • 1 Los trabajadores empleados en la minería del carbón casi se multiplicaron por veinte a lo largo del siglo XIX, en correspondencia con el fuerte crecimiento de la producción de carbón durante el mismo período (pasó de 11 millones a 225 millones de toneladas). El nordeste de Inglaterra y el sur de Gales fueron las dos zonas de mayor concentración minera, pero no las únicas. En el cuadro de la izquierda se ofrecen datos sobre el aumento del número de mineros y su distribución geográfica en Gran Bretaña. Fuente: Benson, British coalminers, p. 217

  • 2 y 3 Se trataba de un sector en el que las condiciones de trabajo eran muy duras (por el esfuerzo físico requerido y la mala ventilación) y los accidentes frecuentes. Pero quizás lo más hiriente para la sensibilidad de la época fue el empleo de niños y mujeres en tareas como el arrastre de vagonetas por las galerías, que ilustran las imágenes miniaturizadas de la izquierda, aunque el número de niños siempre fue pequeño y desde 1842 la legislación (Mines Act) prohibió el empleo de menores de 10 años y el trabajo de las mujeres en el interior de las galerías, en este caso por razones de orden moral. La primera de las imágenes procede de la Peel Web de Marjorie Bloy, en su sección Contemporary Accounts of Working Conditions in the Mines. La segunda imagen figura en Images of the Industrial Era, una amplia selección de imágenes sobre la revolución industrial alojada en The Industrial Revolution and the Railway system, a cargo de Robert Schwartz.

La Peel Web es la que tiene una información más específica en la web sobre los mineros y su situación durante el siglo XIX, en Conditions in the Mines, a la que se accede pulsando el botón adjunto, y en la antes citada  Contemporary Accounts of Working Conditions in the Mines

Algunos lugares dedicados a recordar antiguas regiones mineras británicas ofrecen información escrita e imágenes sobre las condiciones de vida en las minas de carbón en el siglo XIX. Entre ellos: 

  • Coal Mining in North Staffordshire

  • Durham Mining Museum, con estadísticas sobre accidentes.

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F El desempleo fue una amenaza para la población trabajadora no tanto por su carácter masivo, excepto en los momentos de crisis cíclica, como por la completa desprotección del trabajador durante todo el período, excepto la minoría cualificada capaz de costearse la cotización de clubes o sociedades benéficas.

  • 1 El desempleo durante la crisis cíclica de 1841-42. Las crisis que periódicamente golpearon la economía británica en una época en que no existían políticas preventivas ni reguladoras de su impacto resultaron muy costosas en términos de puestos de trabajo y reducción de salarios para la población trabajadora. En este texto Burnett da algunos ejemplos que indican que los porcentajes de paro o subempleo en tales momentos eran muy elevados, lo que conllevaba un drástico descenso del nivel de vida de la población afectada. Fuente: John Burnett, Idle hands. The experience of unemployment, 1790-1990, Londres, Routledge, 1994, pp. 92-93

  • 2 Porcentaje de trabajadores desempleados en el Reino Unido, 1855-1894. A pesar de que las estadísticas de origen sindical sobre el desempleo resultan poco fiables (porque recogen un número pequeño de trabajadores y no tienen en cuenta el desempleo encubierto en forma de reducción de jornada en tiempos de crisis), al menos sirven para mostrarnos su permanencia en la segunda mitad del siglo XIX y su carácter cíclico. Fue en estos momentos de crisis cuando el número de trabajadores en paro (o con horarios, y salarios, reducidos) alcanzó picos de cierta importancia. Fuente: Mitchell, British historical statistics, Oxford, O.U.P., 1988, p. 124

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G El trabajo infantil fue uno de los estigmas que acompañaron a la revolución industrial. La explotación laboral de los niños no surgió entonces, ni siquiera alcanzó a una mayoría de los niños, especialmente los menores de diez años, pero el alejamiento del marco familiar y la inserción de parte del trabajo de los niños en las duras condiciones laborales de la fábrica dio a esta explotación unos perfiles nuevos, que motivaron la preocupación de los reformadores de la época y acabaron dando lugar a una legislación reguladora.

  • 1 Distribución de la mano de obra por grupos de edad (5-9 años y 10-14) en 1851 y 1871. Se observa entre una y otra fecha un apreciable descenso del porcentaje de trabajadores infantiles, que en el primer tramo de edad  (menores de 9 años) ya era escaso en 1851, aunque las cifras, de origen censal, probablemente no recogen en toda su extensión ocupaciones a tiempo parcial, ocasionales o de carácter temporal; además, lo peor de la explotación de los niños en las fábricas textiles ya era en 1851 cosa del pasado. Una parte importante de las actividades que estos chicos y chicas realizan responde, sobre todo en 1851, a un perfil tradicional: agricultura, servicio doméstico, trabajo de la paja, zapatería o encajes. Fuente: Pamela Horn, Children's work and welfare, 1780-1890, Cambridge, CUP, 1994, pp. 72-73

  • 2 Proporción de niños empleados de 10 a 15 años, sobre el total del grupo de edad, 1851-1911. Sin haber sido nunca mayoritario, el trabajo de los menores evoluciona claramente a la baja, en la medida en que aumenta la escolarización. Fuente: E.H. Hunt, British labour history, 1815-1914, Londres, Weidenfeld and Nicholson, 1981, p. 17

  • 3 Charles Turner Thackrah (1795-1833) fue uno de los pioneros de la aplicación de la medicina en el trabajo. Este cirujano y farmacéutico de Leeds conoció de primera mano la situación de los trabajadores fabriles y publicó varios trabajos en los que exponía los peligros para la salud a que estaban sujetos y proponía la introducción de medidas preventivas. Su denuncia de las circunstancias que rodeaban al trabajo infantil contribuyó a la formación de una opinión favorable a la introducción de reformas. En este fragmento, tomado de la segunda edición de The effects of arts, trades, and professions, and of civic states and habits of living, on health and longevity, destaca la preocupación por los largos horarios de las fábricas textiles, en especial de los niños. Reproducido en J.T. Ward, The factory system. Vol. II: The factory system and society, David & Charles, Newton Abbott, 1970, pp. 27-38

  • 4 La defensa de la causa de los niños en las nuevas condiciones del trabajo industrial corrió en buena medida a cargo de sectores vinculados a los tories, en su mayoría aristócratas defensores del paternalismo y la deferencia propios del viejo orden social, que veían amenazado por el desarrollo de la industrialización y el auge de la burguesía ligada a ella. Estos sectores defendieron desde planteamientos humanitarios la abolición de la moderna esclavitud infantil en las fábricas. Michael Sadler y Richard Oastler fueron dos de los tories que más se distinguieron, desde dentro del Parlamento y fuera de él, en el combate contra el empleo de mano de obra infantil en la industria. El primero presidió el comité parlamentario que durante varios meses investigó el tema y llamó a declarar a docenas de testigos, parte de ellos trabajadores víctimas en su infancia de la explotación fabril. Uno de los testimonios fue el Oastler, cuya intervención el 7 de julio recoge este texto. Fuente: Parliamentary Papers, 1831-1832, XV, pp. 454-455. Reproducido en English Historical Documents, vol. 11, 1783-1832, pp. 740-742

  • 5 En 1833 se aprobó la primera de las disposiciones reguladoras del trabajo infantil (Factory Act), que prohibía el trabajo en la industria textil a los menores de nueve años, restringía los horarios laborales de niños y jóvenes e imponía a las empresas la obligación de proporcionarles asistencia escolar. Sus efectos se vieron limitados por lo restringido de su ámbito de aplicación (la industria textil, con una mayor tolerancia para la sedería) y por la resistencia de los fabricantes a ponerla en práctica. En años posteriores nuevas leyes precisaron la reglamentación del trabajo infantil en la industria textil (1844, 1847) y extendieron las limitaciones a la minería (1842), aunque hubo que esperar a la décadas de 1860 y 1870 para que estas limitaciones se generalizasen a otras actividades. Fuente: Lord Althorp's Factory Act, 29 August, 1833. Reproducido en Tonge y Quincey, British Social & Economic History, pp. 58-59

  • 6 La condición física de estos precoces trabajadores se vio afectada por la naturaleza del trabajo. Además de una estatura baja, estos niños presentan un peso algo inferior al de los niños de su misma edad, según muestran estos datos correspondientes a la década de 1830. Fuente: elaborado a partir de cuadros contenidos en Child labour in the nineteenth century

En la antes citada sección de la Encyclopaedia of British History dedicada al trabajo infantil hay bastante información escrita y gráfica sobre el tema: biografías de reformadores y partidarios del mantenimiento del trabajo de los niños, imágenes y explicaciones sobre las condiciones de trabajo en las fábricas, comentarios a las disposiciones legales sobre el trabajo infantil y estadísticas. La imagen miniaturizada de la izquierda procede de allí. Pulsándola se accede a una página en la que se comenta e ilustra el trabajo de los niños en las fábricas textiles

Children in the Industrial Revolution, una sección de Cotton Times, también ofrece información sobre las condiciones de trabajo de los niños, con textos de época

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Los años comprendidos entre el final de las Guerras Napoleónicas y el inicio del Cartismo fueron un tiempo pródigo en episodios de protesta radical en torno a planteamientos de democratización de la vida política y de movilización sindical en defensa de de una mejora de las condiciones de trabajo.

  • 1 Uno de los momentos más significativos se dio el 16 de agosto de 1819, cuando una campaña de mítines en favor de la reforma política culminó con una concentración de al menos 50.000 personas en St. Peter's Fields, en las cercanías de Manchester. La concentración fue reprimida de forma brutal por cuerpos de policía y de voluntarios del ejército a caballo, con el resultado de 11 muertos y 400 heridos. El episodio pasó a conocerse como Peterloo, una alusión sarcástica a la batalla de Waterloo. La miniatura de la izquierda corresponde a un grabado sobre madera realizado en 1821 por el dibujante gráfico George Cruikshank, quien también plasmó el acontecimiento en una serie de caricaturas

  • 2 El gobierno tory respondió con la aplicación de una legislación represiva, los Six Acts (1819), un conjunto de seis medidas que suponían la restricción de libertades a través, principalmente, de la necesidad del permiso de la autoridad judicial local para las reuniones públicas de más de 50 personas, la imposición de pena de deportación por la publicación de escritos blasfemos o sediciosos y la generalización de un impuesto sobre folletos y prensa, con la finalidad de encarecer esta literatura radical y así dificultar su circulación entre los sectores populares. Estas medidas, criticadas por atentar contra las libertades básicas de los ingleses, fomentaron la opción insurreccional, minoritaria. Desde la miniatura de la izquierda, alusiva a la pérdida de las tradicionales libertades consustanciales a todo inglés, se accede a una página de Marjorie Bloy con información sobre los Six Acts

Sobre Peterloo y la protesta popular de estos años hay varias webs dignas de consulta:

  • Peterloo massacre es otra sección de la Encyclopaedia of British History con información sobre este acontecimiento y sobre la vida política y sindical de la época

  • La misma Encyclopaedia of British History incluye en The Trade Union Movement algunas páginas dedicadas a la protesta industrial y al movimiento sindical de estos años

  • La Peel Web ofrece en Trade Unions información sobre las características del sindicalismo del período 1830-1850

 

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I La protesta de aquellos años no tuvo solamente perfiles industriales y urbanos. En 1830 estalló un amplio movimiento en extensas áreas rurales del sureste de Inglaterra, conocido como Captain Swing, y en 1834 fue descubierto y reprimido un sindicato de trabajadores agrícolas creado en Tolpuddle, una localidad de Dorset. Aunque la escala de ambos acontecimientos es muy diferente, uno y otro han de verse a la luz de los elementos de descontento que se iban acumulando en el campo británico desde el final de las guerras napoleónicas.

  • 1 La revuelta del capitán Swing tuvo su inicio en el condado de Kent (julio de 1830), y desde allí se extendió en los siguientes meses a diversos condados del sureste de Inglaterra. El movimiento adoptó las formas características de la protesta tradicional: destrucción de máquinas (las trilladoras que dificultaban la subsistencia de los jornaleros), incendios deliberados, petición de un salario justo, apelación a las autoridades (magistrados, rey) y amenazas de represalias a quienes se opusiesen a su causa, en este caso firmadas por un supuesto capitán Swing. El gráfico adjunto muestra una típica carta Swing. La represión fue dura (19 personas ejecutadas,  500 deportadas a Australia y a Tasmania y 650 encarceladas) y dificultó la aparición de nuevos movimientos de protesta, aunque subsistió una resistencia difusa que se manifestó en forma de incendios de cosechas y mutilación de animales. Fuente: Hobsbawm y Rudé, Revolución industrial y revuelta agraria, p. 227

  • 2 En 1834 saltó a la notoriedad Tolpuddle, una localidad del condado de Dorset donde fueron detenidos y deportados los creadores de un sindicato de trabajadores agrícolas, bajo la acusación de haber cometido el delito de juramentarse. La existencia de un sindicalismo rural resultaba una desagradable sorpresa para los gobernantes de la época, aunque la situación de los jornaleros en aquellos años, debilitados por la represión anterior y por la amenaza de desempleo, no era favorable para el arraigo de un movimiento sindical. La imagen de la izquierda, que muestra a los seis mártires de Tolpuddle junto al árbol bajo el que los arrestados acostumbraban a encontrarse, procede de The Tolpuddle Martyrs Museum, lugar al que se accede pulsando dicha imagen 

Captain Swing Agricultural Riots in Dorset es una página de Cyril Coffin en la que se informa de lo ocurrido en este condado inglés durante la revuelta de 1830

 The Tolpuddle Martyrs rememora brevemente el acontecimiento

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J El Cartismo fue la tercera oleada de agitación que sacudió a la sociedad británica en una década. Se inició pocos años más tarde del movimiento en favor de la reforma, cuya solución excluyente de los intereses de los sectores populares tuvo bastante que ver en el nacimiento del Cartismo, y coincidió en el tiempo con el movimiento en favor de la abolición de las Leyes de Cereales, sin llegar a unir sus fuerzas con él. El Cartismo surge en la frontera entre el viejo mundo artesanal y el nuevo mundo industrial, entre la cultura política radical heredera de los Paine y Cobbett y la nueva conciencia de clase trabajadora que se estaba abriendo camino. Por ello mismo es susceptible de interpretaciones diversas.

  • 1 Cronología del Cartismo. Dos elementos a destacar de esta cronología: las raíces del Cartismo se sitúan en el contexto de movilización y agitación social y política de la década de 1830, en la que destacan, entre otros episodios, la lucha por la reforma política o la resistencia a la implantación de la nueva ley de pobres; el Cartismo tiene un cierto carácter cíclico, con tres oleadas, cada una de las cuales culmina con una petición al Parlamento respaldada por un número millonario de firmas (1839, 1842 y 1848)

  • 2 Los seis puntos de la Carta del Pueblo, aprobados en 1837, reivindican derechos políticos: sufragio universal masculino, voto secreto, abolición del requisito de propiedad para ser elegido miembro del Parlamento, pago a los parlamentarios, circunscripciones iguales y parlamentos anuales. El texto, surgido de medios artesanales londinenses (la London Working Men's Association), contó con el apoyo de un puñado de parlamentarios radicales, que se adhirieron a él en 1837, y fue publicado en Londres en mayo de 1838. Fuente: Declaración firmada en Londres, el 7 de junio de 1837, reproducida en Richard Brown y Christopher Daniels, The Chartists, Londres, Macmillan, 1984, p. 29

  • 3 Pero más allá de la literalidad de las demandas está el significado que se les da. Los textos de O'Brien y O'Connor, dos líderes cartistas, hacen pensar en que los derechos políticos son vistos como un medio para conseguir algo más: mejorar la condición social de la población trabajadora. Fuente: a) Bronterre O'Brien, Operative, 17-3-1839; b) F. O'Connor, Northern Star, 1-8-1846. Ambos citados por Hollis, Class and Conflict, pp. 216-217

  • 4 The Northern Star, cuya cabecera se reproduce aquí, se convirtió desde poco después de su aparición (noviembre de 1837), aprovechando la reducción del impuesto sobre la prensa en 1836, en el órgano por excelencia del Cartismo. Su difusión semanal por todo el país dotó al movimiento de una homogeneidad y continuidad más allá de las tendencias centrífugas y los flujos y reflujos del Cartismo. En sus momentos de mayor auge llegó a una tirada de 50.000 ejemplares, pero el número de quienes lo leyeron o escucharon su lectura fue mucho mayor, lo que permitió a su propietario y frecuente articulista, O'Connor, ejercer una gran influencia sobre el movimiento

  • 5 El Cartismo tenía su sustrato social principalmente en las comunidades industriales. Por eso un movimiento de protesta industrial, la huelga en el verano de 1842 de los trabajadores de la industrial textil de Lancashire en protesta por la reducción de salarios, acabó siendo asumida por la dirección cartista. En la imagen, procedente de la página de Cotton times dedicada al Plug plot, se observa el asalto por los huelguistas de una fábrica en Salford y a uno de los asaltantes portando la conexión (plug) de la caldera con la máquina de vapor. El robo de estos enchufes fue  un procedimiento empleado por los huelguistas para paralizar la producción. La seriedad de la situación llevó al empresario y líder del movimiento contra la abolición de las Corn Laws, John Bright, a preguntarse si la revolución había comenzado. Pero la huelga, el episodio más próximo a una huelga general que se había dado hasta entonces en Gran Bretaña, acabó con la derrota de los trabajadores y el Cartismo, que en mayo había visto rechazada por el Parlamento la petición de aplicación de la Carta, inició meses más tarde un nuevo reflujo

  • 6 La imagen de la izquierda, parte de un grabado editado por las prensas del Northern Star para su distribución entre los suscriptores a lo largo del verano de 1842, muestra la presentación en el Parlamento el 2 de mayo de aquel año de los más de tres millones de firmas recogidos en apoyo de la petición de reforma, que incluía junto a los puntos de la Carta demandas de carácter social y económico. Para solemnizar el acto de la entrega se organizó una procesión que desde el local de la Convención cartista en Londres se dirigió al Parlamento, con dos docenas de hombres portando a hombros los libros de firmas. Junto a la solemnidad del momento, el grabado insiste en la respetabilidad del movimiento cartista, visible a través de la actitud de la comitiva y de quienes la contemplan. Reproducido en Michael Scott-Baumann, Reforming Britain 1815-1850, Londres, Hodder Murray, 2006, p. 120

  • 7 Pasquín convocando a una manifestación cartista para apoyar la entrega al Parlamento de las firmas recogidas en favor de la aprobación de la Carta (10 de abril de 1848). El texto de este pasquín muestra la preocupación de los convocantes por dejar bien sentado el carácter pacífico del acto ("nuestra consiga es paz y orden"; "invitamos a todos los simpatizantes a unirse a nuestra pacífica procesión") al tiempo que reivindica para las "clases trabajadoras", cuyos integrantes son "esclavos del capital" y "siervos políticos", unas demandas ("salario justo para una jornada laboral justa" y "protección del  trabajo") reveladoras de la existencia de una conciencia de sus intereses y una defensa de los mismos que va  más allá de la exigencia de una reforma política. La convocatoria también refleja la existencia de una cuidadosa organización, con la presencia de diversos grupos (cartistas, sindicalistas, irlandeses, abolicionistas de las leyes de cereales) llamados a concentrarse en diversos lugares de Londres.

  • 8 Las reivindicaciones cartistas resultaban inasimilables para la clase dirigente británica, que entendía que las peticiones cartistas comportaban algo más que una democratización de la vida política. El discurso de Macaulay (el mismo político whig que había argumentado en favor de la aprobación de la ley de reforma) ante el Parlamento el 5 de mayo de 1842 es, con su insistencia en la amenaza contra la propiedad implícita en la Carta, una buena prueba de ello. Esta firme toma de posición del conjunto de la élite gobernante resultará  un obstáculo insuperable para el triunfo del Cartismo, tanto o más que las divisiones internas o la dispersión de objetivos. Fuente: Hansard, 3, LXXX, 49-52. Reproducido en English Historical Documents, vol. XII (1), pp. 144-146

  • 9 Feargus O'Connor (1796-1855), cuya figura aparece reproducida a la izquierda, fue el más conocido de los líderes cartistas y aquel cuya actuación ha sido más discutida por la historiografía. Este hijo de un terrateniente protestante irlandés había apoyado inicialmente los planteamientos autonomistas de O'Connell para Irlanda y había ganado cierta notoriedad por su campaña en favor de la reforma radical del Parlamento antes de crear, en 1837, el Northern Star, que le dio un papel relevante en la dirección del Cartismo. Rompió con los líderes cartistas más moderados y, tras propugnar el empleo de la fuerza para el cumplimiento del programa de la Carta, en 1845 anunció un Plan de la tierra, a través del cual facilitar la reconversión en cultivadores a aquellos trabajadores que hubiesen comprado participaciones en el mismo. El plan resultó inviable, aunque durante algún tiempo contribuyó a mantener la esperanza y la cohesión de los seguidores del Cartismo

Muchas de las webs de contenido general sobre la historia británica del siglo XIX ofrecen un apartado dedicado al Cartismo. Entre ellas:

  • La Peel Web de Marjorie Bloy, con inclusión de textos de época

  • La Victorian Web, que proporciona en Chartism or The Chartist Movement un tratamiento sistemático, pero no muy desarrollado

  • La Encyclopaedia of British History, que incluye en Chartism numerosas entradas sobre las figuras y acontecimientos relacionados con el Cartismo

  • La web de historia de la BBC (Society and Culture > Protest and Reform), que tiene en The Chartist Movement un breve texto escrito por Stephen Roberts

  • Cotton times, con el título Chartism

Entre los ejemplos de webs de historia local que dedican un espacio al cartismo figuran:

  • Chartism in Stoke-on-Trent, estudio local del Cartismo y las circunstancias que le rodearon. Incluye algunos textos de época.

  • Chartism in Tameside, sobre el Cartismo en un área de los alrededores de Manchester

Con el título Chartism un especialista del tema, Edward Royle, ha escrito un breve artículo en la revista Refresh (n. 7, 1986) editada en la red en formato pdf

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K Hasta la década de 1970 predominó una visión del Cartismo que subrayaba el carácter local, espontáneo e inarticulado de este movimiento, que se creía surgido de unas circunstancias económicas adversas. Frente a esta interpretación, la historiografía actual considera que el Cartismo es un fenómeno a escala nacional, que hunde sus raíces en la década de 1830, cuyo origen va mucho más allá de una explosión de tensión social inarticulada y cuyo auge y fracaso no son fruto de un sencillo determinismo económico. Las dos aportaciones mayores sobre el Cartismo que aquí se recogen (la de G.S. Jones y la de D. Thompson) comparten esta nueva visión, aunque disienten en otros aspectos fundamentales.

  • 1 A Gareth Stedman Jones se le debe una reformulación del Cartismo a la luz del análisis del lenguaje político del movimiento (mediante el estudio del vocabulario de su prensa y proclamas), según la cual éste tiene un carácter interclasista, pues lo que hay en él es una crítica a la vieja corrupción y al monopolio del poder político de la aristocracia, ya formulada por el radicalismo desde el final del siglo XVIII, que no se acompaña de una conciencia de la explotación económica del trabajador por la burguesía. Por eso precisamente, según Jones, el Cartismo pierde credibilidad cuando en la década de 1840 la aristocracia gobernante inicia un camino de reformas que desmienten en la práctica su naturaleza supuestamente corrupta e irreformable. Fuente: G.S. Jones, "Reconsideración del cartismo", en Lenguajes de clase, Madrid, Siglo XXI, 1989

  • 2 Para Dorothy Thompson el Cartismo es un movimiento de protesta con carácter organizado y a escala nacional, con mayor implantación en las áreas industriales, que viene a culminar varias décadas de formación de la población trabajadora. Por tanto, y sin negar la presencia de viejas formas en las características de esta protesta, el Cartismo es, a diferencia de Jones, algo más que una reformulación de la crítica radical al Estado y una propuesta democratizadora de las instituciones políticas: muestra también la existencia de una cierta conciencia de clase entre sus integrantes, quienes esperan conseguir gracias a él una transformación de las circunstancias, políticas pero también sociales, en las que viven. Fuente: D. Thompson, The Chartists, pp. 1-7

  • 3 En este texto Neville Kirk retoma la discusión sobre la naturaleza del cartismo para defender el carácter de clase del movimiento. Jones habría efectuado una lectura demasiado literal y descontextualizada del lenguaje cartista, olvidando elementos simbólicos y comportamientos que desmienten su carácter interclasista. Además, tampoco se puede afirmar la inexistencia de una conciencia de clase porque los trabajadores no hubiesen acertado a desentrañar los mecanismos de explotación económica a que estaban sujetos, porque esto es algo que todavía no había hecho por entonces el propio Marx. Fuente: Kirk, "Conference Report", Labour History Review, pp. 8-11

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www.spartacus.schoolnet.co.uk/TUmatchgirls.htm

 

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L Tras un período de reflujo entre el final del Cartismo y la década de 1880, caracterizado por un sindicalismo restringido a la élite de trabajadores especializados (el "New Model" estudiado por el matrimonio Webb), a finales de esta década resurgió un movimiento obrero y sindical más reivindicativo y abierto a más amplios sectores de la población trabajadora, como resultado de cambios organizativos y técnicos en el trabajo que dieron un mayor peso a los trabajadores semicualificados y del relanzamiento de la actividad económica, tras varios años de estancamiento que habían propiciado desempleo y salarios bajos.

  • 1 Estructura de la afiliación sindical en 1888. En vísperas de producirse un cambio en la escala y composición de la afiliación sindical, destaca la fuerte presencia del sector minerometalúrgico y la escasa afiliación femenina (menos de 50.000 afiliadas sobre el total de 750.000 personas sindicadas), responsable de las bajas cifras de sindicación en la industria textil y, sobre todo, en la confección, actividades en las que la mano de obra femenina era mayoritaria pero en las que las mujeres ocupaban laborales subordinadas. Fuente: E.H. Hunt, British labour history, 1815-1914, Londres, Weidenfeld and Nicholson, 1981, p. 297

  • 2 Entre 1888 y 1892 se duplicó el número de afiliados. Este auge del sindicalismo se acompañó de un aumento de la intensidad y número de las huelgas, muchas de las cuales se vieron precedidas o acompañadas de la creación de un sindicato que contribuyó al éxito de sus reivindicaciones. Este fue el caso de la huelga de las trabajadoras de una fábrica de cerillas de Londres en 1888, en la que las muchachas empleadas debían soportar largas jornadas de trabajo y estaban expuestas a la toxicidad generada por la manipulación del fósforo. El caso, aireado por la escritora y activista social Annie Besant, tuvo una amplia repercusión pública, aunque no fue la huelga más importante de unos años en los que se produjeron movilizaciones entre los obreros portuarios y los trabajadores del gas también en Londres. Pulsando la imagen de la izquierda se accede a una página de Spartacus con información sobre la mencionada huelga

  • 3 Evolución de la afiliación sindical, 1869-1914. Visto en perspectiva, el crecimiento de la sindicación es notable a lo largo de este medio siglo escaso. De todas formas, la sindicación fue siempre un fenómeno minoritario, que no incluía en 1900 más allá del 15% de los trabajadores, y desigualmente repartido, con una densidad muy alta en la minería del carbón (del 69% en 1901) y muy baja en las actividades con fuerte presencia laboral femenina. Fuente: Chris Cook y John Stevenson, Longman Atlas of modern British history, Londres, Longman, 1978, p. 175

Los siguientes dos artículos de Refresh versan sobre aspectos correspondientes a este apartado:

  • R. J. Morris, The labour aristocracy in the British class struggle, n. 7 (1988) 

  • Chris Wrigley, Labour and Trade Unions in Great Britain, 1880-1939, n. 13 (1991)

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M A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se fue produciendo una homogeneización de la población trabajadora, de resultas del arraigo del proceso industrializador, y una mayor cohesión entre sus diversos componentes, que compartieron una cultura esencialmente común, más allá de las diferencias importantes de cualificación e ingresos, diferencias que a su vez tendieron a descender en las décadas finales del siglo. Los dos gráficos adjuntos nos indican, a través de las prácticas matrimoniales de los trabajadores, este fortalecimiento de la cohesión:

  • 1 Por un lado, siguen siendo pocos los hijos de los trabajadores que se casan con novias de origen social superior, aunque su proporción aumenta ligeramente desde las últimas décadas del siglo XIX, pese a lo cual puede decirse que el conjunto de la población trabajadora se mantiene socialmente estable. Fuente: Mike Savage y Andrew Miles, The remaking of the British working class, 1840-1940, Londres, Routledge, 1994, p. 32

  • 2 Por otro lado el comportamiento matrimonial también revela la existencia de una clara fragmentación interna entre los trabajadores, pues si los hijos de los miembros de cada grupo (trabajadores especializados, semiespecializados y sin cualificar) se casan mayoritariamente con mujeres procedentes de su mismo grupo, lo significativo en este caso es la clara tendencia a la disminución de esta fragmentación a lo largo del período considerado (1839-1914), de forma que si en la época del Cartismo solamente el 20% de la población trabajadora rompía las barreras de grupo de una a otra generación, a comienzos del siglo la proporción había subido al 40%. Fuente: Savage y Miles, The remaking, p. 36

Andrew Miles, Social Mobility in nineteenth-century EnglandRefresh, n. 23 (1996), se ocupa del aumento de movilidad social entre los diversos sectores de la población trabajadora

 



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© Esteban Canales. Setiembre 2006