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A Al
igual que ocurre con la burguesía, la población trabajadora presenta una
variedad que hace difícil considerarla, al menos durante la mayor parte
del siglo XIX, integrada en una única clase. La
población trabajadora era, especialmente en las primeras décadas del
siglo XIX, un conjunto heterogéneo, compuesto por gentes ocupadas en
diversas áreas de la actividad económica y con un diverso grado de
inserción en los cambios tecnológicos y organizativos de la nueva
economía: artesanos cualificados, artesanos en vías de degradación
(como los tejedores manuales), obreros especializados de fábrica, mano de
obra infantil y femenina de las mismas fábricas, jornaleros agrícolas y
personal (muy mayoritariamente femenino) empleado en el servicio
doméstico formaban un mosaico muy variado. Incluso entre los
historiadores que creen que puede hablarse de una identidad común entre
los trabajadores y de la existencia de una conciencia de la misma, existen
discrepancias sobre el momento a partir del cuál resulta apropiado hablar,
en singular, de clase trabajadora.
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1 Thompson
sitúa muy tempranamente, antes del Cartismo, la formación de la
clase trabajadora, que en las décadas iniciales del siglo todavía
tenía un fuerte componente artesanal. Son las experiencias de estos
años, en buena medida la lucha contra el proceso de degradación o la
amenaza de degradación que gravita sobre estos artesanos, las que
conducen a la formación de una conciencia común, que se traduce en
una actuación en defensa de intereses comunes. Esta formación de una
identidad de clase en fechas tan tempranas, que el propio Thompson
indica que no hay que entenderla como una consolidación definitiva,
orientó durante algunos años los estudios de los historiadores del
tema a la búsqueda de datos que permitiesen contrastar la presencia
de una clase trabajadora consciente en diversas localidades de la
Inglaterra industrial durante la primera mitad del siglo XIX, con
resultados desiguales, al tiempo que otro de estos historiadores, G.S.
Jones, afirmaba la continuidad del viejo radicalismo interclasista
entre los trabajadores de la época analizada por Thompson, lo que
explicaría mejor el retroceso postcartista. Fuente: E.P. Thompson,
La
formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989, I, p. XVI y II, pp.477-478
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2 En opinión de
Hobsbawm la discontinuidad que se produce tras el Cartismo obliga a
considerar el nacimiento de la clase obrera en una época muy
posterior a la indicada por Thompson, sin negar por ello a este autor,
con quien comparte una idéntica visión general de la historia, que
en las décadas iniciales del siglo existiese una cierta conciencia de
clase. Pero no es hasta las décadas finales del siglo cuando
puede hablarse de una clase trabajadora, surgida de la
homogeneización del mundo del trabajo que acompaña a la expansión
del capitalismo industrial. A diferencia de Thompson, Hobsbawm está
pensando en un proletariado compuesto por obreros de fábrica. Fuente: Eric
Hobsbawm, El mundo
del trabajo (Barcelona, Crítica, 1987), pp. 239-240
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3 La industria
fue el sector que aglutinó a la mayor parte de la población
trabajadora y lo fue en una proporción creciente (ver distribución
de la mano de obra británica). Este cuadro, al igual que otro
similar sobre la distribución
de la mano de obra industrial, nos muestra la cuantía y
diversidad de las ocupaciones industriales, aunque no alcanza a
reflejar la heterogeneidad de las mismas, pues dentro de una única
actividad solían convivir trabajadores con diferencias de
cualificación y de género, además de otras derivadas de su mayor o
menor control del propio trabajo y del mayor o menor grado de
mecanización del mismo. Fuentes: P. Mathias, The first industrial
nation (Londres, Methuen, 1983, p. 224) y F. Crouzet, The Victorian
economy (Londres, Methuen, 1982, p. 189).
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B
El hecho de la industrialización británica no ha de hacernos olvidar
que, todavía a mediados del siglo XIX, el millón y medio de trabajadores
agrícolas superaba al número de personas ocupadas en el conjunto de
industrias textiles. Estos trabajadores también vieron alteradas de forma
importante sus condiciones de vida durante el mismo período en el que sus
homónimos urbanos experimentaban las repercusiones de la revolución
industrial.
-
1 Uno de los elementos transformadores de
la agricultura británica y de las condiciones de vida de la población
que dependía de ella fue el cercado de los campos. El cercado supuso la
transformación del paisaje agrario, como puede verse en esta imagen del
antes y después del vallado en la localidad de Helpston, en el
Northamptonshire: los campos abiertos (open fields) que se
extendían por el término en 1779 y que agrupaban las tierras de
múltiples propietarios, han dado paso en 1827 a una geografía más
regular, resultado de la concentración de las diversas parcelas de un
propietario en una única explotación y del cercado de la misma. En el
proceso, las tierras de aprovechamiento común han desaparecido y los
propietarios han ganado el pleno control sobre el aprovechamiento de sus
campos. Fuente: David Taylor, Mastering economic and social history,
Londres, Macmillan, 1988, p. 39
-
2 Aunque algunos de los cercados se
hicieron por acuerdo entre particulares, la mayor parte del proceso de
cercamiento que tuvo lugar a partir de mediados del siglo XVIII se
realizó mediante leyes parlamentarias, lo que ha permitido medir la
geografía y cronología del fenómeno. En este mapa se observa que la
mayor intensidad del cercado de tierras tuvo lugar en las áreas centrales
de Inglaterra, una zona de suelos aptos para su uso como pastos, donde la
conversión se realizó más tempranamente. Fuente: E.J. Hobsbawm y G.
Rudé, revolución industrial y revuelta agraria. El capitán Swing,
Madrid, Siglo XXI, 1978, p. 27
-
3 Una parte importante de los cercamientos
se realizó durante las décadas de 1760 y 1770, aprovechando las
oportunidades originadas por el crecimiento de la demanda de carne y
productos lácteos, y en el período de las guerras napoleónicas, cuando
la demanda de cereales hizo rentable poner en cultivo áreas marginales.
Como consecuencia de esta privatización del uso de la tierra, empeoró la
situación del sector de la población (minúsculos arrendatarios o
propietarios así como trabajadores) para quienes los campos abiertos y la
existencia de bosques y pastizales representaban la posibilidad de
complementar sus ingresos. Este empeoramiento coincidió aproximadamente
en el tiempo con la progresiva sustitución en las explotaciones
agrícolas de una mano de obra más bien estable y alojada en la granja de
su patrón por trabajadores alquilados a jornal. Fuente: Michael Turner,
"Enclosures re-opened", Refresh, n. 26 (1998)
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4 En este texto Joseph Arch
(1826-1919), fundador de un importante sindicato de trabajadores del
campo (National Agricultural Labourers' Union, 1872), recuerda
la situación vivida en su niñez, cuando los efectos de
la proletarización y la pérdida de derechos de uso de la tierra ya se
habían hecho notar entre los trabajadores agrícolas. En la descripción se denuncian las prácticas
especulativas de acaparamiento de trigo y el ambiente asfixiante que se
daba en las aldeas, donde la Iglesia anglicana, a través de la figura del
párroco y del control de la administración de la caridad, imponía a los feligreses
pobres una actitud de deferencia y acatamiento que excluía alternativas
religiosas o iniciativas al margen de los poderes establecidos. En los casos
de los "closed villages",
como parece ser éste, donde la mayor parte de la tierra estaba en poder de un
único terrateniente, la jerarquización y el control social eran mayores.
Fuente: Joseph Arch, The
life of Joseph Arch by himself, pp. 10-35 (1898). Reproducido en
Marjorie Bloy, The Peel Web,
Joseph
Arch's account of village life in the 1830s
Dos breves artículos
accesibles en la red sirven para introducirse en el tema de los
cercados, ambos escritos por Michael Turner para Refresh:
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Parliamentary enclosures: gains and costs (3, 1986)
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Enclosures re-opened (26, 1998)
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C
Los artesanos componían, en las primeras décadas del siglo XIX, un
sector denso y heterogéneo, que englobaba desde trabajadores altamente
cualificados y con un cierto control de su propio trabajo, hasta otros
trabajadores que, como los tejedores manuales, habían ido perdiendo
autonomía a la par que se degradaba su situación general. Los materiales
de este apartado ilustran sobre las difíciles circunstancias que
atravesaron hasta su extinción.
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1 Salario de los
tejedores manuales en Oldham, una localidad industrial de Lancashire, entre 1790 y mediados de la década de
1830. Se observa una fuerte pérdida de ingresos y un contraste con la
evolución de los artesanos de la construcción, un grupo resguardado
de la degradación por el carácter cualificado de su trabajo. Los
tejedores manuales, trabajadores a domicilio con telar propio o
alquilado, se beneficiaron inicialmente del aumento de la demanda de
tejidos generada por la temprana mecanización de la hilatura y
pudieron resistir la competencia de los primeros telares mecánicos,
poco eficientes, pero el aumento del número de tejedores manuales tras
las guerras napoleónicas y la aparición de telares mecánicos
perfeccionados poco antes de 1830, presionaron sus ingresos a la baja.
Fuente: J. Foster, Class struggle and the Industrial Revolution,
Londres, Methuen, 1974, p. 36
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2 Evolución
de los ingresos semanales de una familia de tejedores, 1814-1832. Como
en el ejemplo anterior, el empeoramiento que se produce a partir del
término de las guerras napoleónicas hace insostenible la posición
de los tejedores manuales, que únicamente pudieron subsistir gracias
al trabajo en el telar durante más y más horas de varios miembros de
una misma familia. Fuente: Neil Tonge, Industrialisation and
society 1700-1914, Londres, Nelson, 1993, p. 72
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3 Evolución del
número de trabajadores de fábrica y tejedores manuales, 1806-1860.
Los tejedores manuales de algodón, en aumento durante las primeras décadas del
siglo por la demanda de tejido de la industria textil, solamente
pueden resistir durante un tiempo la competencia de las máquinas a
costa de reducir sus ingresos, como hemos visto en otros gráficos de
esta sección, antes de entrar en vías de extinción, aunque durante
algún tiempo todavía fueron utilizados por la industria textil para
atender los momentos de mayor demanda. Fuente:
Cook y Stevenson, Atlas, p. 3
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D La
industria textil fue durante todo el siglo XIX el sector más importante
de la actividad industrial por el volumen de la mano de obra que se
dedicó a ella, con la industria algodonera como la rama más
destacado. Los siguientes cuadros y gráficos ofrecen información sobre
algunas de las características de la población ocupada en esta
especialidad.
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1 Composición
por edad y sexo de los trabajadores de la industria algodonera,
1835-1904. La población masculina adulta fue siempre una minoría
de apenas la cuarta parte del total de la mano de obra, por lo común
empleada en las actividades más especializadas y mejor remuneradas.
La actividad más característica de la industrialización británica
y la que tuvo una mayor presencia en el conjunto de las exportaciones
estuvo sostenida por una fuerza de trabajo formada por mujeres, niños
y jóvenes de ambos sexos. Fuente: E. Canales, La Inglaterra
victoriana, p.137
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2 Empleo en las
fábricas textiles de Gran Bretaña por edad y sexo, en 1839. Estos
datos confirman la presencia mayoritaria del trabajo femenino, juvenil
e infantil y la extienden al conjunto de la industria textil. La mano
de obra infantil, en disminución tras la aprobación en 1833 primera
ley reguladora del trabajo de los niños, se utilizaba en labores
secundarias pero peligrosas, como la recogida de desperdicios debajo
de las hiladoras mecánicas o la reparación de las hebras que rompía
la tracción de la máquina de hilar. Fuente: E.
Royle, Modern Britain. A social history 1750-1985, Londres, E. Arnold, 1988,
p. 100
-
3 Salario de los
hiladores mecánicos en Oldham, 1810-1860. A diferencia de los
tejedores manuales, la evolución de los salarios de estos
trabajadores de fábrica es muy positiva hasta mediados de la década de 1830,
momento en el que la difusión de una nueva máquina de hilar automática (selfactina)
hace menos
necesario el trabajo especializado. Fuente: Foster, Class struggle, p. 62
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E La
minería del carbón experimentó un rápido desarrollo durante el siglo
XIX hasta convertirse en una de las actividades más importantes de la
economía británica, tanto por su contribución al producto nacional (un
6% en 1900), como por la mano de obra empleada en ella (cerca de 800.000
personas al término de la época victoriana), aunque no se produjeron
grandes transformaciones en las condiciones de trabajo en las minas.
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1 Los trabajadores
empleados en la minería del carbón casi se multiplicaron por veinte a lo
largo del siglo XIX, en correspondencia con el fuerte crecimiento de la
producción de carbón durante el mismo período (pasó de 11 millones a
225 millones de toneladas). El nordeste de Inglaterra y el sur de Gales fueron las dos zonas
de mayor concentración minera, pero no las únicas. En el cuadro de la izquierda se ofrecen datos sobre el aumento del
número de mineros y su distribución geográfica en Gran Bretaña. Fuente:
Benson, British coalminers, p. 217
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2 y 3 Se trataba de un sector en
el que las condiciones de trabajo eran muy duras (por el esfuerzo físico
requerido y la mala ventilación) y los accidentes frecuentes. Pero
quizás lo más hiriente para la sensibilidad de la época fue el empleo
de niños y mujeres en tareas como el arrastre de vagonetas por las
galerías, que ilustran las imágenes miniaturizadas de la izquierda,
aunque el número de niños siempre fue pequeño y desde 1842 la
legislación (Mines Act) prohibió el empleo de menores de 10 años y el
trabajo de las mujeres en el interior de las galerías, en este caso por
razones de orden moral. La primera de las imágenes procede de la
Peel Web de Marjorie Bloy, en su sección
Contemporary
Accounts of Working Conditions in the Mines. La segunda imagen figura en
Images
of the Industrial Era, una amplia selección de imágenes sobre
la revolución industrial alojada en The Industrial Revolution
and the Railway system, a cargo de Robert Schwartz.
La Peel Web es la que tiene una información más específica en la
web sobre los mineros y su situación durante el siglo XIX, en Conditions in the Mines,
a la que se accede pulsando el botón adjunto, y en la antes citada Contemporary
Accounts of Working Conditions in the Mines
Algunos lugares
dedicados a recordar antiguas regiones mineras británicas ofrecen
información escrita e imágenes sobre las condiciones de vida en
las minas de carbón en el siglo XIX. Entre ellos:
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F
El desempleo fue una amenaza para la población trabajadora no tanto por
su carácter masivo, excepto en los momentos de crisis cíclica, como por
la completa desprotección del trabajador durante todo el período,
excepto la minoría cualificada capaz de costearse la cotización de
clubes o sociedades benéficas.
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1 El desempleo durante la
crisis cíclica de 1841-42. Las crisis que periódicamente golpearon
la economía británica en una época en que no existían políticas
preventivas ni reguladoras de su impacto resultaron muy costosas en
términos de puestos de trabajo y reducción de salarios para la
población trabajadora. En este texto Burnett da algunos ejemplos que
indican que los porcentajes de paro o subempleo en tales momentos eran
muy elevados, lo que conllevaba un drástico descenso del nivel de
vida de la población afectada. Fuente: John
Burnett,
Idle hands. The experience of unemployment, 1790-1990, Londres,
Routledge,
1994, pp. 92-93
-
2 Porcentaje de trabajadores
desempleados en el Reino Unido, 1855-1894. A pesar de que las
estadísticas de origen sindical sobre el desempleo resultan poco
fiables (porque recogen un número pequeño de trabajadores y no
tienen en cuenta el desempleo encubierto en forma de reducción de
jornada en tiempos de crisis), al menos sirven para mostrarnos su
permanencia en la segunda mitad del siglo XIX y su carácter cíclico.
Fue en estos momentos de crisis cuando el número de trabajadores en
paro (o con horarios, y salarios, reducidos) alcanzó picos de cierta
importancia. Fuente: Mitchell, British historical statistics,
Oxford, O.U.P., 1988, p. 124
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G El
trabajo infantil fue uno de los estigmas que acompañaron a la revolución
industrial. La explotación laboral de los niños no surgió entonces, ni
siquiera alcanzó a una mayoría de los niños, especialmente los menores
de diez años, pero el alejamiento del marco familiar y la inserción de
parte del trabajo de los niños en las duras condiciones laborales de la
fábrica dio a esta explotación unos perfiles nuevos, que motivaron la
preocupación de los reformadores de la época y acabaron dando lugar a
una legislación reguladora.
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1 Distribución de la mano de obra por grupos de edad (5-9 años y 10-14) en
1851 y 1871. Se observa entre una y otra fecha un apreciable descenso del
porcentaje de trabajadores infantiles, que en el primer tramo de
edad (menores de 9 años) ya era escaso en 1851, aunque las cifras, de origen censal, probablemente no recogen en toda su
extensión ocupaciones a tiempo parcial, ocasionales o de carácter
temporal; además, lo peor de la explotación de los niños en las
fábricas textiles ya era en 1851 cosa del pasado. Una parte
importante de las actividades que estos chicos y chicas realizan
responde, sobre todo en 1851, a un perfil tradicional: agricultura,
servicio doméstico, trabajo de la paja, zapatería o encajes. Fuente:
Pamela Horn, Children's work and welfare, 1780-1890, Cambridge, CUP,
1994, pp. 72-73
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2 Proporción
de niños empleados de 10 a 15 años, sobre el total del grupo de edad,
1851-1911. Sin haber sido
nunca mayoritario, el trabajo de los menores evoluciona claramente a la
baja, en la medida en que aumenta la escolarización. Fuente: E.H.
Hunt,
British
labour history, 1815-1914, Londres, Weidenfeld and Nicholson, 1981, p. 17
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3 Charles
Turner Thackrah (1795-1833) fue uno de los pioneros de la aplicación
de la medicina en el trabajo. Este cirujano y farmacéutico de Leeds
conoció de primera mano la situación de los trabajadores fabriles y
publicó varios trabajos en los que exponía los peligros para la
salud a
que estaban sujetos y proponía la introducción de medidas
preventivas. Su denuncia de las circunstancias que rodeaban al
trabajo infantil contribuyó a la formación de una opinión favorable
a la introducción de reformas. En este fragmento, tomado de la
segunda edición de The effects of arts, trades, and professions,
and of civic states and habits of living, on health and longevity,
destaca la preocupación por los largos horarios de las fábricas
textiles, en especial de los niños. Reproducido en
J.T. Ward, The factory system. Vol. II: The
factory system and society, David & Charles, Newton Abbott,
1970, pp. 27-38
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4
La defensa de la causa de los niños en las nuevas condiciones del
trabajo industrial corrió en buena medida a cargo de sectores
vinculados a los tories, en su mayoría aristócratas
defensores del paternalismo y la deferencia propios del viejo orden
social, que veían amenazado por el desarrollo de la
industrialización y el auge de la burguesía ligada a ella. Estos
sectores defendieron desde planteamientos humanitarios la abolición
de la moderna esclavitud infantil en las fábricas. Michael Sadler y
Richard Oastler fueron dos de los tories que más se
distinguieron, desde dentro del Parlamento y fuera de él, en el
combate contra el empleo de mano de obra infantil en la industria.
El primero presidió el comité parlamentario que durante varios meses
investigó el tema y llamó a declarar a docenas de testigos, parte de
ellos trabajadores víctimas en su infancia de la explotación fabril.
Uno de los testimonios fue el Oastler, cuya intervención el 7 de
julio recoge este texto.
Fuente:
Parliamentary Papers, 1831-1832, XV, pp. 454-455. Reproducido en
English Historical Documents, vol. 11, 1783-1832, pp. 740-742
-
5 En 1833 se
aprobó la primera de las disposiciones reguladoras del trabajo
infantil (Factory Act), que prohibía el trabajo en la industria
textil a los menores de nueve años, restringía los horarios
laborales de niños y jóvenes e imponía a las empresas la
obligación de proporcionarles asistencia escolar. Sus efectos se vieron limitados por lo restringido de
su ámbito de aplicación (la industria textil, con una mayor tolerancia
para
la sedería) y por la resistencia
de los fabricantes a ponerla en práctica. En años posteriores nuevas
leyes precisaron la reglamentación del trabajo infantil en la
industria textil (1844, 1847) y extendieron las limitaciones a la
minería (1842), aunque hubo que esperar a la décadas de 1860 y 1870
para que estas limitaciones se generalizasen a otras actividades. Fuente: Lord Althorp's
Factory Act, 29 August, 1833. Reproducido en Tonge y Quincey, British
Social & Economic History, pp. 58-59
-
6 La condición
física de estos precoces trabajadores se vio afectada por la
naturaleza del trabajo. Además de una estatura baja, estos niños
presentan un peso algo inferior al de los niños de su misma edad,
según muestran estos datos correspondientes a la década de 1830. Fuente:
elaborado a partir de cuadros contenidos en
Child
labour in the nineteenth century
En la antes citada sección de la Encyclopaedia
of British History dedicada al trabajo infantil hay bastante
información escrita y gráfica sobre el tema: biografías de reformadores
y partidarios del mantenimiento del trabajo de los niños, imágenes y
explicaciones sobre las condiciones de trabajo en las fábricas,
comentarios a las disposiciones legales sobre el trabajo infantil y
estadísticas. La imagen miniaturizada de la izquierda procede de allí.
Pulsándola se accede a una página en la que se comenta e ilustra el
trabajo de los niños en las fábricas textiles
Children in the Industrial Revolution,
una sección de Cotton Times, también ofrece información sobre
las condiciones de trabajo de los niños, con textos de época
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H Los
años comprendidos entre el final de las Guerras Napoleónicas y el inicio
del Cartismo fueron un tiempo pródigo en episodios de protesta radical en
torno a planteamientos de democratización de la vida política y de
movilización sindical en defensa de de una mejora de las condiciones de
trabajo.
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1 Uno de los momentos
más significativos se dio el 16 de agosto de 1819, cuando una
campaña de mítines en favor de la reforma política culminó con una
concentración de al menos 50.000 personas en St. Peter's Fields, en
las cercanías de Manchester. La concentración fue reprimida de forma
brutal por cuerpos de policía y de voluntarios del ejército a
caballo, con el resultado de 11 muertos y 400 heridos. El episodio
pasó a conocerse como Peterloo, una alusión sarcástica a la batalla
de Waterloo. La miniatura de la izquierda corresponde a un grabado sobre madera
realizado en 1821 por el dibujante gráfico George Cruikshank, quien
también plasmó el acontecimiento en una serie de caricaturas
-
2 El gobierno
tory respondió con la aplicación de una legislación represiva, los Six Acts
(1819), un conjunto de seis medidas que suponían la restricción de
libertades a través, principalmente, de la necesidad del permiso de
la autoridad judicial local para las reuniones públicas de más de 50
personas, la imposición de pena de deportación por la publicación
de escritos blasfemos o sediciosos y la generalización de un impuesto
sobre folletos y prensa, con la finalidad de encarecer esta literatura
radical y así dificultar su circulación entre los sectores
populares. Estas medidas, criticadas por atentar contra las libertades
básicas de los ingleses, fomentaron la opción insurreccional,
minoritaria. Desde la miniatura de la izquierda, alusiva a la pérdida
de las tradicionales libertades consustanciales a todo inglés, se
accede a una página de Marjorie Bloy con información sobre los Six
Acts
Sobre Peterloo y la protesta popular de estos años hay varias
webs dignas de consulta:
-
Peterloo massacre es otra sección de la Encyclopaedia
of British History con información sobre este acontecimiento y sobre la
vida política y sindical de la época
-
La misma Encyclopaedia of British History
incluye en The Trade Union Movement algunas páginas dedicadas
a la protesta industrial y al movimiento sindical de estos años
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La Peel Web ofrece en Trade Unions
información sobre las características del sindicalismo del período
1830-1850
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I La
protesta de aquellos años no tuvo solamente perfiles industriales y
urbanos. En 1830 estalló un amplio movimiento en extensas
áreas rurales del sureste de Inglaterra, conocido como Captain Swing, y
en 1834 fue descubierto y reprimido un sindicato de trabajadores
agrícolas creado en Tolpuddle, una localidad de Dorset. Aunque la escala
de ambos acontecimientos es muy diferente, uno y otro han de verse a la
luz de los elementos de descontento que se iban acumulando en
el campo británico desde el final de las guerras napoleónicas.
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1 La revuelta
del capitán Swing tuvo su inicio en el condado de Kent (julio de
1830), y desde allí se extendió en los siguientes meses a diversos
condados del sureste de Inglaterra. El movimiento adoptó las formas
características de la protesta tradicional: destrucción de máquinas
(las trilladoras que dificultaban la subsistencia de los jornaleros),
incendios deliberados, petición de un salario justo, apelación a las
autoridades (magistrados, rey) y amenazas de represalias a quienes se
opusiesen a su causa, en este caso firmadas por un supuesto capitán
Swing. El gráfico
adjunto muestra una típica carta Swing. La represión fue dura (19
personas ejecutadas, 500 deportadas a Australia y a Tasmania y
650 encarceladas) y dificultó la aparición de nuevos movimientos de
protesta, aunque subsistió una resistencia difusa que se manifestó
en forma de incendios de cosechas y mutilación de animales. Fuente: Hobsbawm y
Rudé,
Revolución industrial y revuelta agraria, p. 227
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2 En 1834
saltó a la notoriedad Tolpuddle, una localidad del condado de Dorset
donde fueron detenidos y deportados los creadores de un sindicato de trabajadores
agrícolas, bajo la acusación de haber cometido el delito de
juramentarse. La existencia de un sindicalismo rural resultaba una
desagradable sorpresa para los gobernantes de la época, aunque la
situación de los jornaleros en aquellos años, debilitados por la
represión anterior y por la amenaza de desempleo, no era favorable
para el arraigo de un movimiento sindical. La imagen de la izquierda,
que muestra a los seis mártires de Tolpuddle junto al árbol bajo el
que los arrestados acostumbraban a encontrarse, procede de The
Tolpuddle Martyrs Museum, lugar al que se accede pulsando dicha
imagen
Captain Swing Agricultural Riots in Dorset
es una página de Cyril Coffin en la que se informa de lo ocurrido en este
condado inglés durante la revuelta de 1830
The
Tolpuddle Martyrs rememora brevemente el acontecimiento |
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J El
Cartismo fue la tercera oleada de agitación que sacudió a la sociedad
británica en una década. Se inició pocos años más tarde del
movimiento en favor de la reforma, cuya solución excluyente de los
intereses de los sectores populares tuvo bastante que ver en el nacimiento
del Cartismo, y coincidió en el tiempo con el movimiento en favor de la
abolición de las Leyes de Cereales, sin llegar a unir sus fuerzas con
él. El Cartismo surge en la frontera entre el viejo mundo artesanal y el
nuevo mundo industrial, entre la cultura política radical heredera de los
Paine y Cobbett y la nueva conciencia de clase trabajadora que se estaba
abriendo camino. Por ello mismo es susceptible de interpretaciones
diversas.
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1 Cronología
del Cartismo. Dos elementos a destacar de esta cronología: las
raíces del Cartismo se sitúan en el contexto de movilización y
agitación social y política de la década de 1830, en la que
destacan, entre otros episodios, la lucha por la reforma política o
la resistencia a la implantación de la nueva ley de pobres; el Cartismo
tiene un cierto carácter cíclico, con tres oleadas, cada una de las
cuales culmina con una petición al Parlamento respaldada por un
número millonario de firmas (1839, 1842 y 1848)
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2 Los seis
puntos de la Carta del Pueblo, aprobados en 1837, reivindican derechos
políticos: sufragio universal masculino, voto secreto, abolición del
requisito de propiedad para ser elegido miembro del Parlamento, pago a
los parlamentarios, circunscripciones iguales y parlamentos anuales.
El texto, surgido de medios artesanales londinenses (la London
Working Men's Association), contó con el apoyo de un puñado de
parlamentarios radicales, que se adhirieron a él en 1837, y fue
publicado en Londres en mayo de 1838. Fuente: Declaración
firmada en Londres, el 7 de junio de 1837, reproducida en Richard Brown y
Christopher Daniels, The Chartists, Londres, Macmillan, 1984, p.
29
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3 Pero más
allá de la literalidad de las demandas está el significado que se
les da. Los textos de O'Brien y O'Connor, dos líderes cartistas,
hacen pensar en que los derechos políticos son vistos como un medio
para conseguir algo más: mejorar la condición social de la
población trabajadora. Fuente: a) Bronterre O'Brien, Operative,
17-3-1839; b) F. O'Connor, Northern Star, 1-8-1846. Ambos citados por
Hollis, Class and Conflict, pp. 216-217
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4 The
Northern Star, cuya cabecera se reproduce aquí, se convirtió
desde poco después de su aparición (noviembre de 1837), aprovechando
la reducción del impuesto sobre la prensa en 1836, en el órgano por
excelencia del Cartismo. Su difusión semanal por todo el país dotó
al movimiento de una homogeneidad y continuidad más allá de las
tendencias centrífugas y los flujos y reflujos del Cartismo. En sus
momentos de mayor auge llegó a una tirada de 50.000 ejemplares, pero
el número de quienes lo leyeron o escucharon su lectura fue mucho
mayor, lo que permitió a su propietario y frecuente articulista,
O'Connor, ejercer una gran influencia sobre el movimiento
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5 El Cartismo
tenía su sustrato social principalmente en las comunidades
industriales. Por eso un movimiento de protesta industrial, la huelga
en el verano de 1842 de los trabajadores de la industrial textil de
Lancashire en protesta por la reducción de salarios, acabó siendo
asumida por la dirección cartista. En la imagen, procedente de la
página de Cotton times dedicada al
Plug
plot, se observa el asalto por los huelguistas de una fábrica en
Salford y a uno de los asaltantes portando la conexión (plug) de la
caldera con la máquina de vapor. El robo de estos enchufes fue un procedimiento empleado por los
huelguistas para paralizar la producción. La seriedad de la situación
llevó al empresario y líder del movimiento contra la abolición de
las Corn Laws, John Bright, a preguntarse si la revolución había
comenzado. Pero la huelga, el episodio más próximo a una huelga
general que se había dado hasta entonces en Gran Bretaña, acabó con
la derrota de los trabajadores y el Cartismo, que en mayo había visto
rechazada por el Parlamento la petición de aplicación de la
Carta, inició meses más tarde un nuevo reflujo
-
6 La imagen de
la izquierda, parte de un grabado editado por las prensas del
Northern Star para su distribución entre los suscriptores a lo
largo del verano de 1842, muestra la presentación en el Parlamento
el 2 de mayo de aquel año de los más de tres millones de firmas
recogidos en apoyo de la petición de reforma, que incluía junto a
los puntos de la Carta demandas de carácter social y económico. Para
solemnizar el acto de la entrega se organizó una procesión que desde
el local de la Convención cartista en Londres se dirigió al
Parlamento, con dos docenas de hombres portando a hombros los libros
de firmas. Junto a la solemnidad del momento, el grabado insiste en
la respetabilidad del movimiento cartista, visible a través de la
actitud de la comitiva y de quienes la contemplan. Reproducido en
Michael Scott-Baumann, Reforming Britain
1815-1850, Londres, Hodder Murray, 2006, p. 120
-
7
Pasquín convocando a una manifestación cartista para apoyar la
entrega al Parlamento de las firmas recogidas en favor de la
aprobación de la Carta (10 de abril de 1848). El texto de este
pasquín muestra la preocupación de los convocantes por dejar bien
sentado el carácter pacífico del acto ("nuestra consiga es paz y
orden"; "invitamos a todos los simpatizantes a unirse a nuestra
pacífica procesión") al tiempo que reivindica para las "clases
trabajadoras", cuyos integrantes son "esclavos del capital" y
"siervos políticos", unas demandas ("salario justo para una jornada
laboral justa" y "protección del trabajo") reveladoras de la
existencia de una conciencia de sus intereses y una defensa de los mismos
que va más allá de la exigencia de una reforma política. La convocatoria
también refleja la existencia de una cuidadosa organización, con la
presencia de diversos grupos (cartistas, sindicalistas, irlandeses,
abolicionistas de las leyes de cereales) llamados a concentrarse en
diversos lugares de Londres.
-
8 Las
reivindicaciones cartistas resultaban inasimilables para la clase
dirigente británica, que entendía que las peticiones cartistas
comportaban algo más que una democratización de la vida política. El discurso de Macaulay (el mismo político whig
que había argumentado en favor de la aprobación de la ley de
reforma) ante el Parlamento el 5 de mayo de 1842 es, con su insistencia
en la amenaza contra la propiedad implícita en la Carta, una buena prueba de
ello. Esta firme toma de posición del conjunto de la élite
gobernante resultará un obstáculo insuperable para el triunfo
del Cartismo, tanto o más que las divisiones internas o la
dispersión de objetivos. Fuente: Hansard, 3, LXXX, 49-52. Reproducido en English
Historical Documents, vol. XII (1), pp. 144-146
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9 Feargus
O'Connor (1796-1855), cuya figura aparece reproducida a la izquierda,
fue el más conocido de los líderes cartistas y aquel cuya actuación
ha sido más discutida por la historiografía. Este hijo de un
terrateniente protestante irlandés había apoyado inicialmente los
planteamientos autonomistas de O'Connell para Irlanda y había ganado
cierta notoriedad por su campaña en favor de la reforma radical del
Parlamento antes de crear, en 1837, el Northern Star, que le dio un
papel relevante en la dirección del Cartismo. Rompió con los
líderes cartistas más moderados y, tras propugnar el empleo de la
fuerza para el cumplimiento del programa de la Carta, en 1845 anunció
un Plan de la tierra, a través del cual facilitar la reconversión en
cultivadores a aquellos trabajadores que hubiesen comprado
participaciones en el mismo. El plan resultó inviable, aunque durante algún tiempo contribuyó a mantener la
esperanza y la cohesión de los seguidores del Cartismo
Muchas de las webs de
contenido general sobre la historia británica del siglo XIX ofrecen un
apartado dedicado al Cartismo. Entre ellas:
-
La Peel Web de Marjorie Bloy, con inclusión de textos de
época
-
La Victorian Web, que proporciona en Chartism or The
Chartist Movement un tratamiento sistemático, pero no muy
desarrollado
-
La Encyclopaedia of British History, que incluye en Chartism
numerosas entradas sobre las figuras y acontecimientos relacionados
con el Cartismo
-
La web de historia de la BBC (Society and Culture > Protest and
Reform), que tiene en The Chartist Movement un breve texto
escrito por Stephen Roberts
-
Cotton times, con el título Chartism
Entre los ejemplos de webs
de historia local que dedican un espacio al cartismo figuran:
-
Chartism in Stoke-on-Trent, estudio
local del Cartismo y las circunstancias que le rodearon. Incluye algunos
textos de época.
-
Chartism in Tameside, sobre el Cartismo en un área de los
alrededores de Manchester
Con el título Chartism un especialista del tema, Edward Royle, ha
escrito un breve artículo en la revista Refresh (n. 7, 1986) editada en
la red en formato pdf
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K Hasta
la década de 1970 predominó una visión del Cartismo que subrayaba el
carácter local, espontáneo e inarticulado de este movimiento, que se
creía surgido de unas circunstancias económicas adversas. Frente a esta
interpretación, la historiografía actual considera que el Cartismo es un
fenómeno a escala nacional, que hunde sus raíces en la década de 1830,
cuyo origen va mucho más allá de una explosión de tensión social
inarticulada y cuyo auge y fracaso no son fruto de un sencillo
determinismo económico. Las dos aportaciones mayores sobre el Cartismo
que aquí se recogen (la de G.S. Jones y la de D. Thompson) comparten esta
nueva visión, aunque disienten en otros aspectos fundamentales.
-
1 A Gareth Stedman Jones se le
debe una reformulación del Cartismo a la luz del análisis del
lenguaje político del movimiento (mediante el estudio del vocabulario de su
prensa y proclamas), según la cual éste tiene un carácter
interclasista, pues lo que hay en él es una crítica a la vieja corrupción y al monopolio
del poder político de la aristocracia, ya formulada por el
radicalismo desde el final del siglo XVIII, que no se acompaña de una
conciencia de la explotación económica del trabajador por la
burguesía. Por eso precisamente, según Jones, el Cartismo pierde
credibilidad cuando en la década de 1840 la
aristocracia gobernante inicia un camino de reformas que desmienten en
la práctica su naturaleza supuestamente corrupta e irreformable. Fuente: G.S.
Jones, "Reconsideración del cartismo", en Lenguajes
de clase, Madrid, Siglo XXI, 1989
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2 Para Dorothy
Thompson el Cartismo es un movimiento de protesta con carácter
organizado y a escala nacional, con mayor implantación en las áreas
industriales, que viene a culminar varias décadas de formación de la
población trabajadora. Por tanto, y sin negar la presencia de viejas
formas en las características de esta protesta, el Cartismo es, a
diferencia de Jones, algo más que una reformulación de la crítica
radical al Estado y una propuesta democratizadora de las instituciones
políticas: muestra también la existencia de una cierta conciencia de
clase entre sus integrantes, quienes esperan conseguir gracias a él una
transformación de las circunstancias, políticas pero también
sociales, en las que viven. Fuente: D. Thompson, The Chartists, pp. 1-7
-
3 En este texto
Neville Kirk retoma la discusión sobre la naturaleza del cartismo para
defender el carácter de clase del movimiento. Jones habría efectuado
una lectura demasiado literal y descontextualizada del lenguaje
cartista, olvidando elementos simbólicos y comportamientos que
desmienten su carácter interclasista. Además, tampoco
se puede afirmar la inexistencia de una conciencia de clase porque los
trabajadores no hubiesen acertado a desentrañar los mecanismos de
explotación económica a que estaban sujetos, porque esto es algo que todavía no
había hecho por entonces el propio Marx. Fuente: Kirk, "Conference
Report", Labour History Review, pp. 8-11
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L Tras
un período de reflujo entre el final del Cartismo y la década de
1880, caracterizado por un sindicalismo restringido a la élite de
trabajadores especializados (el "New Model" estudiado por el
matrimonio Webb), a finales de esta década
resurgió un movimiento obrero y sindical más reivindicativo y abierto a
más amplios sectores de la población trabajadora, como resultado de
cambios organizativos y técnicos en el trabajo que dieron un mayor peso a
los trabajadores semicualificados y del relanzamiento de la actividad
económica, tras varios años de estancamiento que habían propiciado
desempleo y salarios bajos.
-
1 Estructura de
la afiliación sindical en 1888. En vísperas de producirse un cambio
en la escala y composición de la afiliación sindical, destaca la fuerte presencia del
sector minerometalúrgico y la escasa afiliación femenina (menos de
50.000 afiliadas sobre el total de 750.000 personas sindicadas),
responsable de las bajas cifras de sindicación en la industria textil y,
sobre todo, en la confección, actividades en las que la mano de obra
femenina era mayoritaria pero en las que las mujeres ocupaban
laborales subordinadas. Fuente:
E.H. Hunt, British labour history, 1815-1914, Londres, Weidenfeld and
Nicholson, 1981, p. 297
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2 Entre 1888 y
1892 se duplicó el número de afiliados. Este auge del sindicalismo
se acompañó de un aumento de la intensidad y número de las huelgas,
muchas de las cuales se vieron precedidas o acompañadas de la
creación de un sindicato que contribuyó al éxito de sus
reivindicaciones. Este fue el caso de la huelga de las trabajadoras de
una fábrica de cerillas de Londres en 1888, en la que las muchachas
empleadas debían soportar largas jornadas de trabajo y estaban
expuestas a la toxicidad generada por la manipulación del fósforo. El caso, aireado por la
escritora y activista social Annie Besant, tuvo una amplia
repercusión pública, aunque no fue la huelga más importante de unos
años en los que se produjeron movilizaciones entre los obreros
portuarios y los trabajadores del gas también en Londres. Pulsando la
imagen de la izquierda se accede a una página de Spartacus con
información sobre la mencionada huelga
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3 Evolución de
la afiliación sindical, 1869-1914. Visto en perspectiva, el
crecimiento de la sindicación es notable a lo largo de este medio
siglo escaso. De todas formas, la sindicación fue siempre un fenómeno
minoritario, que no incluía en 1900 más allá del 15% de los
trabajadores, y desigualmente repartido, con una densidad muy alta en
la minería del carbón (del 69% en 1901) y muy baja en las
actividades con fuerte presencia laboral femenina. Fuente: Chris Cook y
John Stevenson, Longman Atlas of modern British history, Londres,
Longman, 1978, p. 175
Los siguientes dos
artículos de Refresh versan sobre aspectos correspondientes a
este apartado:
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R.
J. Morris, The labour aristocracy in the British class struggle,
n. 7 (1988)
-
Chris Wrigley, Labour and Trade Unions in Great Britain,
1880-1939, n. 13 (1991)
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M A
lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se fue produciendo una homogeneización de la población
trabajadora, de resultas del arraigo del proceso industrializador, y una mayor cohesión
entre sus diversos componentes, que compartieron una cultura esencialmente
común, más allá de las diferencias importantes de cualificación e
ingresos, diferencias que a su vez tendieron a descender en las décadas
finales del siglo. Los dos gráficos adjuntos nos indican, a
través de las prácticas matrimoniales de los trabajadores, este
fortalecimiento de la cohesión:
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1 Por un lado,
siguen siendo pocos los hijos de los trabajadores que se casan con
novias de origen social superior, aunque su proporción aumenta
ligeramente desde las últimas décadas del siglo XIX, pese a lo cual
puede decirse que el conjunto de la población trabajadora se mantiene
socialmente estable. Fuente: Mike
Savage y Andrew Miles, The remaking of the British working class,
1840-1940, Londres, Routledge, 1994, p.
32
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2 Por otro lado
el comportamiento matrimonial también revela la existencia de una
clara fragmentación interna entre los trabajadores, pues si los hijos
de los miembros de cada grupo (trabajadores especializados,
semiespecializados y sin cualificar) se casan mayoritariamente con
mujeres procedentes de su mismo grupo, lo significativo en este
caso es la clara tendencia a la disminución de esta fragmentación a
lo largo del período considerado (1839-1914), de forma que si en la
época del Cartismo solamente el 20% de la población trabajadora
rompía las barreras de grupo de una a otra generación, a comienzos
del siglo la proporción había subido al 40%. Fuente:
Savage y Miles, The remaking, p. 36
Andrew
Miles, Social Mobility in nineteenth-century England, Refresh,
n. 23 (1996), se ocupa del aumento de movilidad social entre los
diversos sectores de la población trabajadora |