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3. Aristócratas y burgueses

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A El tema común de este tercer paseo y del siguiente es el análisis de las clases sociales existentes en la Gran Bretaña de la época victoriana. Este planteamiento supone la aceptación de la clase como un concepto descriptivo e interpretativo de la sociedad victoriana. Quizá sea demasiado suponer, en una época en la que la obra de "deconstrucción" de esta identidad social parece haber alcanzado un punto de no retorno. Frente a la historiografía que, con Thompson y Hobsbawm como practicantes más reconocidos, construyó una coherente explicación de la historia basada en el surgimiento y desarrollo de burguesía y proletariado al compás de las transformaciones económicas generadas por la industrialización, las décadas de 1980 y 1990 han sido pródigas en el desmontaje de esta construcción teórica, bien en beneficio de la identidad de género o bien, sobre todo, en favor de la negativa de cualquier identidad colectiva. Pero también hay historiadores que, reconociendo los puntos débiles de pasadas explicaciones, insisten convincentemente en la pertinencia de seguir hablando de clases.

  • 1 Thompson propugna una visión de la clase que se aleja de la rigidez y el determinismo económico que estaban presentes en los análisis de la historiografía marxista de su tiempo. En opinión del historiador británico, la clase no es un concepto estático e intemporal, sino una realidad cambiante inserta en el juego de relaciones sociales e inseparable de ellas. Y la conciencia de clase no está directamente determinada por las relaciones de producción, sino que entre una y otras los elementos culturales ejercen un papel mediador. Fuente: Edward P. Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989 [1963], I, pp. XIII-XIV; y "The peculiarities of the English" [1965] (The poverty of theory and other essays, Londres, Merlin Press, 1978, p. 85)

  • 2 Esta toma de distancia respecto a la determinación de lo económico efectuada por Thompson no pareció suficiente a otros historiadores que insistieron en la primacía de lo cultural sobre lo material en la construcción de la identidad de clase y rebajaron el carácter central de ésta como clave interpretativa de la organización de la sociedad surgida de la revolución industrial. Los nuevos planteamientos suponían un "giro lingüístico", pues el lenguaje (escrito, oral o simbólico) asumía el papel de creador de la conciencia sustituyendo en esta función a la realidad material. En este texto Gareth S. Jones, un autor que se había mostrado sensible a la influencia del lenguaje en un extenso trabajo en el que se replanteaba la naturaleza del Cartismo (publicado dentro de Languages of class, 1983), afirma que la clase es una identidad producida por el discurso y que la burguesía es una creación retórica al servicio de las luchas políticas del primer tercio del siglo XIX en Inglaterra y Francia. Fuente: Gareth Stedman Jones, "El proceso de la configuración histórica de la clase obrera y su conciencia histórica", Historia Social, 17 (1993), pp. 115-129

  • 3 En la misma línea de Jones se sitúa Patrick Joyce, historiador con una investigación notable sobre la cultura popular británica entre 1848 y 1914, Visions of the people, donde la identidad de clase aparece como una de las diversas facetas en las que se representó el orden social de su tiempo. Fuente: Patrick Joyce, Class, Oxford, OUP, 1995, p. 322

  • 4 Lo más interesante de este fragmento del capítulo introductorio de un reciente libro de Cannadine sobre la clases sociales en Gran Bretaña a partir de la revolución industrial es su afirmación del carácter dual, a la vez realidad y representación, estructura social y percepción de la misma, de la clase. Tras una larga trayectoria desde el determinismo económico hasta el idealismo, el péndulo parece situarse en un punto intermedio, próximo a las posiciones de Thompson, aunque por el camino hayamos aprendido a valorar la intervención del lenguaje. Fuente: David Cannadine, The rise anf fall of class in Britain, Nueva York, Columbia University Press, 1999 pp.15-23

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B En las primeras décadas del siglo XIX la aristocracia era, en igual o mayor medida que en muchas otras sociedades europeas de la época, la clase dominante. Más allá de las diferencias existentes dentro de la aristocracia entre una élite (los pares) de unos pocos centenares de familias y una relativamente extensa gentry (más de diez mil familias), todos compartían la condición de terratenientes, base de su riqueza, poder y prestigio, así como unas mismas prácticas de vida y unos mismos valores.

  • 1 Este cuadro muestra la evolución de la propiedad de la tierra. Las familias de la aristocracia (en el cuadro, grandes propietarios y gentry) pudieron  conservar e incluso aumentar sus patrimonios a lo largo de generaciones gracias a la protección legal frente a su posible dispersión por herencia o venta (hasta 1882 la ley no facilitó la venta de tierras vinculadas) y a la práctica de la endogamia. Fuente: G.E. Mingay, The Gentry, Londres, Longman, 1976, p. 59

  • 2 Gracias a la publicación, en 1873, de un nuevo censo de propietarios del suelo (Domesday book), es posible conocer la distribución de la propiedad de la tierra en el corazón de la época victoriana. Presenta una notable polarización entre unos pocos grandes propietarios, muchos de los mayores de entre ellos aristócratas, que poseen la mayor parte de la tierra (más del 55% de la misma está en manos del 0,5% de los propietarios), y una mayoría de minúsculos propietarios: más del 75% del total de los propietarios lo son tan sólo del 0,5% de la tierra y ninguno de ellos dispone de más de 1 acre (0,4 hectáreas) de superficie. Fuente: Esteban Canales, La Inglaterra victoriana, Madrid, Akal, 1999, p. 102

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C La caza formaba parte del estilo de vida de esta aristocracia. Para preservar la caza el Parlamento, mayoritariamente compuesto por aristócratas, había aprobado (sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII) una serie de leyes que restringían la caza a los propietarios acomodados, penalizaban la caza furtiva e ilegalizaban su venta. El resultado de estas medidas tan clasistas fue la generación de conflictos con la población rural que, a la larga, contribuyeron a minar el prestigio de la propia aristocracia.

  • 1 Condenas por delitos de caza, 1839-43. Esta estadística, elaborada por el Comité parlamentario encargado en 1845 de examinar las violencias que se producían en torno a los derechos de caza, muestra el aumento de infracciones contra esta legislación en algunos condados rurales, en los que más de la cuarta parte de las condenas a varones por delitos menores se debían a esta causa. A pesar de la evidencia, el grueso de la legislación se mantuvo en pie. Fuente: Pamela Horn, The rural world 1780-1850, Londres, Hutchinson, 1980, p. 180

  • 2 La persistencia de la legislación y (desde 1862) unas mayores atribuciones de la policía para registrar a los sospechosos, mantuvieron en ascenso el número de delitos de caza hasta la década de 1880. El lento descenso a partir de esta fecha se debió, probablemente, a una mejora de la condición de vida en las zonas rurales. Fuente: P. Horn, The changing countryside,in Victorian and Edwardian England and Wales, Londres, The Athlone Press, 1984, p. 105

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D La  posición de esta aristocracia se vio erosionada en las últimas décadas del siglo XIX debido al descenso de las rentas, las reformas políticas y la profesionalización de la administración, aunque la pérdida de riqueza, poder político y prestigio social fue un fenómeno lento y se produjo al tiempo que tenía lugar una cierta fusión entre la antigua aristocracia y la nuevas élites del mundo de las finanzas y la industria

  • 1. El temido descenso de las rentas pronosticado con ocasión de la abolición de las Corn Laws se dejó sentir por fin un cuarto de siglo más tarde, cuando la llegada de cereales extranjeros a bajos precios presionó a la baja los precios de los cereales propios y obligó a reducir el precio de las tierras arrendadas. Los ingresos de la aristocracia se resintieron, aunque no siempre en la misma medida: sufrieron más quienes no disponían de fuentes de ingresos alternativas y quienes no pudieron efectuar la reconversión de las tierras a cultivos más rentables que los cereales. En el cuadro adjunto se observa el desigual, aunque siempre negativo, impacto de la crisis sobre sobre los ingresos de algunas grandes propiedades durante las últimas décadas del siglo XIX. Fuente: P. Horn, The changing countryside, pp. 243-244 

  • 2. En este texto escrito en 1906, lady Dorothy Nevill mira con nostalgia el tiempo pasado, mediados del siglo XIX, cuando el estilo de vida y los valores de la aristocracia no habían sido contaminados por la irrupción de unos modos llegados de la mano de la presencia de las fortunas hechas en los negocios en el antes selecto mundo de la aristocracia y de la adaptación de ésta a las nuevas formas de riqueza y gustos plebeyos. Fuente: P. Horn, The changing countryside, p. 48

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E La burguesía es en sí misma un grupo heterogéneo. Junto a los propietarios de fábricas (el símbolo de la nueva clase surgida de la industrialización) hay representantes del mundo de las finanzas y del gran comercio, así como arrendatarios agrícolas y un amplio sector de pequeños comerciantes, empleados públicos y profesionales que constituyen en conjunto la extensa y poco precisa clase media.

  • 1 Este texto de Hobsbawm relaciona el origen de la burguesía con las diferencias de intereses económicos existentes desde el inicio de la revolución industrial y ve en los empresarios de la industria el núcleo en torno al cual se configuró la clase burguesa. Fuente: Hobsbawm, "La middle class inglesa...", Las burguesías europeas del siglo XIX, pp. 231-235

  • 2 Menos influyente pero más numerosa fue la pequeña burguesía, un grupo de carácter urbano que aquí Crossick identifica con los pequeños propietarios de talleres, industrias y comercios de venta al menor, especialmente importantes en centros provinciales y ciudades con predominio de la pequeña empresa. Fuente: Crossick, "The petite bourgeoisie in nineteenth-century Britain...", Shopkeepers and master artisans, pp. 62-63

  • 3 Evolución de los empleados varones de cuello blanco, 1851-1911. El desarrollo del sector terciario (comercio, servicios) y el mayor peso del estado en la esfera pública (funcionarios públicos, entre ellos maestros) explican el notable crecimiento de estos empleados, que casi triplican su peso proporcional en el conjunto de la mano de obra masculina entre 1851 y 1911. Fuente: Crossick, The Lower Middle Class, p 19

  • 4 Crecimiento del sector profesional en el último tercio del siglo XIX. La información de este cuadro, que se solapa con la del anterior en el caso de los maestros, muestra el también notable crecimiento del mundo de las profesiones (se dobla sobradamente en cifras absolutas entre 1861 y 1901). Este incremento guarda relación con el aumento de funcionarios del estado (en la enseñanza) y con la ampliación de las salidas profesionales propiciada por el desarrollo económico y urbano. Fuente: Gourvish, Later Victorian Britain, p. 20

  El artículo de Donna Loftus The rise of the Victorian middle class, incluido en una sección de la extensa web de historia de la BBC, trata del desarrollo de la clase media y de los valores característicos de la misma

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F En todo caso, industriales, financieros y grandes comerciantes fueron por su riqueza y su influencia los componentes principales de esta burguesía. Los primeros tuvieron un mayor peso en las ciudades industriales del centro-norte de Inglaterra, cuyas corporaciones municipales llegaron a dominar, mientras que los segundos se situaban en Londres, cuya City era el corazón de las finanzas y el comercio internacional.

  • 1 Se ha discutido sobre la importancia de una u otra burguesía. Los datos elaborados a partir del impuesto sobre la renta parecen apuntar hacia un mayor peso del área de Londres frente a Lancashire y Yorkshire, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, lo que, junto con la presencia entre las mayores fortunas de financieros y comerciantes, avalaría el predominio económico de la burguesía de la City. Pero esto no tiene por qué suponer negar a la burguesía industrial su carácter decisivo en la conformación de una identidad de clase. Fuente: Rubinstein, Capitalism, Culture, and the Decline in Britain, p. 36

  • 2 Los orígenes sociales de los fabricantes británicos de las generaciones que vivieron la revolución industrial eran, por lo general, modestos, aunque no humildes: en su mayor parte procedían de familias con algunos recursos (pequeños propietarios o arrendatarios rurales, empresarios de la industria doméstica, comerciantes de poca envergadura), que pudieron aportar los capitales iniciales necesarios. Trabajadores y clase alta tienen menor presencia. Fuente: M.J. Daunton, Progress and poverty. An economic and social history of Britain 1700-1850, Oxford, OUP, 1995, p. 198

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G Los diversos sectores de la burguesía compartieron algunas de las ideas que serían inspiradoras de la organización de la sociedad británica y de la acción de sus gobiernos a lo largo del período victoriano: la existencia de mecanismos autorreguladores del mercado, la capacidad del individuo dejado a su suerte de mejorar su propia condición, la menor interferencia de los poderes públicos en la actividad productiva. Eran planteamientos que se hallaban en los padres de la economía política, desde A. Smith a J.S. Mill, aunque formulados con unas cautelas que sus vulgarizadores no tuvieron en cuenta.

  • 1 Adam Smith (1723-1790) fue el economista más influyente durante la primera mitad del siglo XIX y su obra La riqueza de las naciones se conviritió en la biblia del pensamiento económico liberal. En estas citas extraídas de ella se aprecia la creencia en la iniciativa de los individuos en contraposición a los obstáculos de instituciones y gobiernos, en la feliz transmutación en bien común de las múltiples iniciativas individuales a la búsqueda de su propio provecho (la famosa "mano invisible") y en la reducción de las funciones de la esfera pública, aunque no defiende su desaparición. Fuente: Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776. Citas reproducidas en Robert L. Heilbroner, The essential Adam Smith, Oxford, OUP, 1986, pp. 241, 265 y 289

  • 2 John Stuart Mill (1806-1873) mantuvo, tanto en el terreno de la filosofía política como en el del pensamiento económico, unas posiciones que aunaron la defensa de los principios del liberalismo con la preocupación por las desigualdades políticas y sociales. En los Principios de economía política (1848), obra de incidencia similar a la de Smith, la firme aceptación de la no intervención del estado como principio general se acompaña de la defensa de su presencia en la prestación de servicios públicos y en la corrección de las diferencias generados por la economía de mercado. Fuente: John Stuart Mill, Principles of political economy (1848), Londres, Routledge and Kegan Paul, 1965, pp. 945-948

  • 3 Samuel Smiles 1812-1904 fue unos de los mayores popularizadores de las ideas liberales: la autorregulación de los mercados, la superación mediante el esfuerzo individual, la desconfianza en las medidas protectoras del estado fueron algunos de los principios que están presentes en sus obras. Self-Help, un libro aparecido en en 1859 del que se hicieron , fue la de más éxito. El fragmento que aquí se recoge compendia la fe en el liberalismo y en el individualismo. Fuente: Samuel Smiles, Self-Help, pp. 1-2. Reproducido en J.T. Ward, The factory system. Vol. I: Birth and growth, Newton Abbot, David & Charles, 1970, pp. 82-84

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H La lucha por la reforma política fue uno de los grandes movimientos sociales británicos de la década de 1830. La reivindicación del derecho a voto en las elecciones parlamentarias, que comportaba una profunda reforma del sistema electoral, fue el objetivo de una burguesía que coqueteó con la población trabajadora para forzar a la clase gobernante a aceptar la reforma. Los términos de ésta, satisfactorios para las capas medias de la sociedad, fueron vistos por los sectores populares, excluidos del derecho a voto, como una traición cometida a la causa de la reforma.

  • 1 Uno de los rasgos más denostados del sistema electoral era la desigual representación de los núcleos urbanos, cuyo origen se remontaba a la época medieval. Correspondían a estos boroughs más de 400 escaños en la Cámara de los Comunes por Inglaterra y Gales (otro centenar escaso de escaños estaban reservados a los condados), pero muchas de las localidades con derecho a elegir representantes eran minúsculas aldeas con muy pocos habitantes, en las que el terrateniente del lugar podía imponer fácilmente su candidato (burgos podridos), más aun si tenemos en cuenta que el voto era público. En el otro extremo, ciudades desarrolladas en los últimos cien años al impulso del crecimiento comercial e industrial no tenían derecho a voto. El mapa sitúa geográficamente estos casos: los burgos podridos abundan en el suroeste del país mientras las ciudades privadas de representación se concentran en corazón industrial de Inglaterra. Fuente: C. Cook y J. Stevenson, Longman Atlas of modern British history, Londres, Longman, 1978, p. 162

  • 2  Este mapa, complementario del anterior, insiste en la escasa o nula presencia de las nuevas grandes ciudades, en contraste con la presencia en el Parlamento de localidades desiertas como como Old Sarum o Dunwich o la abundancia de lugares representados en Cornwall, y la desproporción entre unos y otros condados -en el mapa Yorkshire y Rutland aparecen como extremos-, todos ellos con idéntica representación en el Parlamento. Fuente: Michael Scott-Baumann, Reforming Britain 1815-1850, Londres, Hodder Murray, 2006, p. 57

  • 3 Los planteamientos en favor de la reforma, reprimidos durante los años de las guerras con Francia, resurgieron a partir de 1815, esta vez también apoyados por sectores burgueses. Jeremy Bentham (1748-1832) fue en muchos sentidos portavoz ideológico de esta burguesía. En 1817 había publicado un Plan para la reforma parlamentaria en el que defendía el voto secreto, la convocatoria anual de elecciones al Parlamento y un sufragio casi universal para los varones no analfabetos. El respaldo teórico de estos planteamientos, tal como está expuesto en el texto que figura a la izquierda, era el utilitarismo, la creencia de que los gobiernos e instituciones han de promover la mayor felicidad para el mayor número de personas. Fuentes: Jeremy Bentham, An introduction to the principles of morals and legislation (reprint ed. 1823, Nueva York, Hafner Press, 1948, pp. 2-3); Constitutional Code (1830), reproducido en Spartacus, Jeremy Bentham

  • 4 Un sector de  la aristocracia, alineada en el partido whig, asumió la oportunidad de la reforma. Las razones para hacerlo las supo exponer el entonces joven parlamentario Thomas Macaulay, en discurso del 2-3-1831, del que procede la cita que aparece en la pantalla de la izquierda: conviene conceder el derecho al voto a quienes comparten con nosotros la defensa de la propiedad para poder integrarlos en un frente común. La reforma se concibe como una operación destinada a efectuar los cambios imprescindibles (dar voto en las nuevas ciudades industriales a la parte más respetable de la población que vive en ellas, acabar con lo peor de los burgos podridos, sinónimo de corrupción de la aristocracia) sin modificar la correlación de poder. Fuente: Wright, Democracy and Reform, Londres, Longman, 1970, p. 117

  • 5 La aprobación de una ley de reforma en términos moderados, que permitiese a la clase media el ejercicio del voto, encontró una fuerte oposición en los sectores tories, que habían gobernado el país hasta 1830 y seguían controlando la Cámara de los Lores. Para estos tories, la tradicional elección de la los Comunes ya aseguraba la representación de los intereses de los diversos sectores del país, pues dicha representación no necesitaba ejercerse directamente, sino a través de unos diputados que, por el hecho de serlo, asumían la defensa de aquellos intereses. Por idéntico motivo, tampoco era necesario que toda la población de un demarcación electoral tuviese derecho a voto. El discurso del diputado Robert Inglis reproducido aquí es característico de esta manera de pensar. Fuente: Hansard’s Parliamentary Debates, II (1 de marzo de 1831). Reproducido en Sean Long, Parliamentary Reform 1785-1928, Londres, Routledge, 2006, p. 20

  • 6 Junto a la creencia en este razonamiento, que daba por supuesto el derecho de una élite a ejercer el gobierno del país, en la oposición a la reforma se esconde el temor a que cualquier cambio en la constitución histórica acabase desencadenando un proceso que pusiese en peligro las prerrogativas de la aristocracia. Es lo que revela la intervención de Robert Peel ante los Comunes con ocasión del debate sobre el proyecto de reforma presentado por los whigs. Fuente: Paul Adelman, Peel and the Conservative Party 1830-1850, Londres, Longman, 1989, pp. 100-101

  • 7 Para vencer la oposición a la reforma, se exageró la amenaza de una alianza de la burguesía con los trabajadores. Aunque es cierto que las resistencias de los tories a la reforma despertaron hostilidad, que se tradujeron en episodios de protesta violenta (por ejemplo, en Bristol), también lo es que entre los sectores populares la alianza con las clases medias no se contempló con entusiasmo. Sirva de muestra este texto aparecido el 15 de octubre de 1831 en el Poor Man's Guardian, un periódico no legal -rehúsa pagar el stamp act o impuesto sobre la prensa- pero ampliamente leído por los trabajadores, que estaba vinculado a la Unión Nacional de las Clases Trabajadoras, reacia a colaborar con el movimiento en pro de la reforma. Fuente: Vyvyen Brendon, The Age of Reform 1820-1850, Londres, Hodder & Stoughton, 1994, p. 23

  • 8 La medida, cuando finalmente fue aprobada (1832), supuso una modesta ampliación del censo electoral, en beneficio de la burguesía (gracias a la concesión de escaños electorales a las ciudades de importancia que hasta entonces no disponían de representación), y una eliminación de algunas de las minúsculas localidades (desaparición de 56 burgos podridos) en las que más fácil era el control del votante, sin que por ello la aristocracia perdiese el control de los resortes de gobierno (mantenimiento del voto público y de la Cámara de los Lores como cámara no electiva). Por otro lado, la implantación de unos determinados requisitos de riqueza excluyó del voto a la población trabajadora. Los cambios en el tamaño electorado y en las circunscripciones electorales figuran en el cuadro adjunto. Fuente: C. Cook y B. Keith, British historical facts 1830-1900, Londres, Macmillan, 1975, pp. 115-116; Eric J. Evans, The Great Reform Act of 1832, pp. 50-51

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I Existen en la red diversos lugares que se ocupan de la reforma de 1832, sus causas y sus consecuencias:

  •  La Peel Web de Marjie Bloy tiene una sección dedicada a The Reform Act Crisis, con información sobre el contexto de la crisis, sus principales actores y los resultados de la misma. Incluye una cronología.

  •  Parliamentary Reform, 1750-1832, parte de la Encyclopaedia of British History, comenta los movimientos en favor de la reforma del Parlamento británico y otros acontecimientos relacionados, en especial durante el período que condujo a la ley de reforma de 1832, con inclusión de biografías, legislación, bibliografía y enlaces internos

  •  The Victorian Web tiene, en la sección política, cuatro páginas sobre la reforma de 1832: Reform Acts, The Reform Act Crisis, Terms of the 1832 Reform Act y How Did the Tories Recover after the 1832 Reform Act?

  • Bristol - Riots, sección de una web dedicada a la historia de esta ciudad, escenario a finales de octubre de 1831 de violentas protestas en favor de la Reforma parlamentaria. Las dos primeras imágenes de la izquierda (1 y 2), tomadas de la indicada web, muestran escenas de los incendios en Queen Square y de la represión por el ejército de los amotinados (31 de octubre), que provocó varios centenares de víctimas. Bristol era una ciudad representada en los comunes, cuyo obispo se había opuesto a la reforma en la Cámara de los Lores. En el curso de la revuelta fueron incendiados y saqueados varios edificios oficiales, entre ellos el palacio episcopal

  •  La web dedicada al antiguo barrio de los joyeros, en Birmingham, contiene varias páginas sobre la reforma en esta ciudad, que fue uno de los centros de agitación reformista y sede de la Birmingham Political Union, asociación con carácter interclasista que convocó un multitudinario mitin en mayo de 1832, recogido en la última de las imágenes de la izquierda, procedente de la indicada web

  • Lord Grey - 1832 Reform Act analiza también de forma breve la actuación del primer ministro whig durante la crisis de la reforma. Por E.A. Smith.

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J El otro gran movimiento de la época con protagonismo burgués fue el de la lucha en favor de la abolición de la legislación de cereales. A pesar de los esfuerzos de sus ideólogos por presentar su causa como la causa de toda la sociedad, el movimiento no consiguió sobrepasar las fronteras burguesas, aunque la liberalización del comercio de granos acabó imponiéndose cuando una parte de los dirigentes políticos comprendió que la medida no pondría en peligro los ingresos que obtenían los terratenientes y el hambre en Irlanda añadió urgencia a la medida.

  • 1 La legislación que, desde 1815, dificultaba la entrada de cereales extranjeros al mercado británico, en un claro intento de mantener los precios internos artificialmente elevados para así evitar la caída de los ingresos de la aristocracia rentista, resultaba insostenible desde la perspectiva del liberalismo económico y fue, por tanto, objeto de críticas antes de que se formalizase un movimiento social de oposición. El texto de Torrens (1780-1864), un economista contemporáneo de Ricardo, desarrolla una argumentación que luego será retomada por los defensores de la abolición: la legislación, al provocar la disminución de los beneficios de la industria, perjudica tanto a patronos como a trabajadores. Fuente: Robert Torrens,  On wages and combination (1834), reprint, Nueva York, Augustus M. Kelley, 1969, pp. 123-133

  • 2 La Anti-Corn Law League, creada en 1839, se presentó desde el principio como valedora de los intereses generales frente a los miopes intereses sectoriales defendidos por la aristocracia gobernante. En este discurso Richard Cobden, uno de los adalides de la abolición, insiste en defender la conveniencia universal de la abolición: incluso los agricultores saldrán beneficiados, al ampliarse la capacidad de consumo de la población. Fuente: Cobden (Speeches, 1870, 1, pp. 118-133), citado en Tonge y Quincey, British Social and Economic History, pp. 47-48

  • 3 La Liga abolicionista, demasiado identificada en su origen (la patronal de Manchester) con los intereses de los fabricantes, puso especial cuidado en intentar atraer a su causa a la población trabajadora, aunque el éxito fue escaso, en una época en que todavía estaba reciente el comportamiento insolidario de la burguesía a propósito de la reforma parlamentaria y el Cartismo despertaba mayores esperanzas. En este texto (8 febrero 1844) Cobden señala en primer lugar el perjuicio que para los trabajadores representa el mantenimiento de la legislación, aunque también denuncia el trato discriminatorio recibido por los industriales frente a los terratenientes. Fuente: Cobden (Speeches, 1870), reproducido en Castronovo y Peres, La revolución industrial, pp. 96-97

  • 4 John Bright, empresario como Cobden, aportó al movimiento abolicionista la sensibilidad contra los privilegios característica del mundo de la disidencia religiosa (el propio Bright era cuáquero y había impulsado en su juventud la campaña contra el pago de diezmos a la Iglesia anglicana). Su discurso tiende a centrarse, como lo hace aquí, en los privilegios políticos de que disponen los terratenientes. Fuente: Eric Evans, The birth of modern Britain 1780-1914, Londres, Longman, 1997, p. 159

  • 5 Falta de apoyos políticos de peso, la Liga se embarcó en una campaña de movilización de la opinión pública mediante celebración de discursos, edición de folletos, recaudación de fondos y, como en el caso de esta imagen, recogida de firmas. El mobiliario y la vestimenta de quienes aparecen sugiere un ambiente poco acomodado. Fuente: Nicholas Bentley, The Victorian scene 1837-1901, Londres, Weidenfeld & Nicholson, 1968, p. 22

  • 6 David Eastwood explica los motivos que condujeron al primer ministro Peel a inclinarse en favor de la abolición. Para este historiador el factor decisivo que decantó la balanza en favor de la abolición fue la crisis de subsistencias que se avecinaba en Irlanda. El apoyo de Peel a la medida le costó el puesto de primer ministro y ocasionó la ruptura del partido Conservador. Fuente: D. Eastwood, "The Corn Laws and their repeal 1815-1846", History Review, 25, september 1996

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K Se puede encontrar información sobre la legislación de cereales, la oposición que suscitó y la abolición de las Corn Laws en los siguientes lugares de la red:

  • La Peel Web de Marjorie Bloy tiene una sección dedicada a The Corn Law Debate, con información sobre el tema y sus protagonistas y textos de época. De ahí procede la imagen adjunta, que representa a los dos principales líderes del movimiento, Richard Cobden y John Bright

  • Las leyes de cereales y su abolición son tratadas en tres páginas de The Victorian Web, dentro de la sección de historia política: The Corn Laws, The Campaign for the Repeal of the Corn Laws y Richard Cobden.

  •  El Marx/Engels Internet Archive incluye, en traducción inglesa, este artículo de Friedrich Engels, escrito en publicado en 1845 en una revista alemana, en el que se explica la historia de las Corn Laws y del movimiento en favor de su abolición

 



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© Esteban Canales. Setiembre 2006