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A El
tema común de este tercer paseo y del siguiente es el análisis de las
clases sociales existentes en la Gran Bretaña de la época victoriana.
Este planteamiento supone la aceptación de la clase como un concepto
descriptivo e interpretativo de la sociedad victoriana. Quizá sea
demasiado suponer, en una época en la que la obra de "deconstrucción" de
esta identidad social parece haber alcanzado un punto de no retorno.
Frente a la historiografía que, con Thompson y Hobsbawm como practicantes
más reconocidos, construyó una coherente explicación de la historia
basada en el surgimiento y desarrollo de burguesía y proletariado al
compás de las transformaciones económicas generadas por la
industrialización, las décadas de 1980 y 1990 han sido pródigas en el
desmontaje de esta construcción teórica, bien en beneficio de la
identidad de género o bien, sobre todo, en favor de la negativa de
cualquier identidad colectiva. Pero también hay historiadores que,
reconociendo los puntos débiles de pasadas explicaciones, insisten
convincentemente en la pertinencia de seguir hablando de clases.
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1 Thompson propugna una visión de la clase que se
aleja de la rigidez y el determinismo económico que estaban presentes
en los análisis de la historiografía marxista de su tiempo. En
opinión del historiador británico, la clase no es un concepto
estático e intemporal, sino una realidad cambiante inserta en el
juego de relaciones sociales e inseparable de ellas. Y la conciencia
de clase no está directamente determinada por las relaciones de
producción, sino que entre una y otras los elementos culturales
ejercen un papel mediador. Fuente: Edward P. Thompson, La formación
de la clase obrera en Inglaterra, Barcelona, Crítica, 1989 [1963], I, pp.
XIII-XIV; y "The peculiarities of the English" [1965] (The
poverty of theory and other essays, Londres, Merlin Press, 1978, p.
85)
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2 Esta toma de
distancia respecto a la determinación de lo económico efectuada por Thompson no pareció suficiente a otros historiadores que insistieron
en la primacía de lo cultural sobre lo material en la construcción
de la identidad de clase y rebajaron el carácter central de ésta como
clave interpretativa de la organización de la sociedad surgida de la
revolución industrial. Los nuevos planteamientos suponían un
"giro lingüístico", pues el lenguaje (escrito, oral o simbólico)
asumía el papel de creador de la conciencia sustituyendo en esta
función a la realidad material. En este texto Gareth S. Jones, un
autor que se había mostrado sensible a la influencia del lenguaje en
un extenso trabajo en el que se replanteaba la naturaleza del Cartismo
(publicado dentro de Languages of class, 1983), afirma que la
clase es una identidad producida por el discurso y que la burguesía
es una creación retórica al servicio de las luchas políticas del
primer tercio del siglo XIX en Inglaterra y Francia. Fuente: Gareth Stedman Jones, "El
proceso de la configuración histórica de la clase obrera y su
conciencia histórica", Historia Social, 17 (1993), pp. 115-129
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3 En la misma
línea de Jones se sitúa Patrick Joyce, historiador con una
investigación notable sobre la cultura popular británica entre 1848
y 1914, Visions of the people, donde la identidad de clase
aparece como una de las diversas facetas en las que se representó el
orden social de su tiempo. Fuente: Patrick Joyce, Class, Oxford,
OUP, 1995, p. 322
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4 Lo más
interesante de este fragmento del capítulo introductorio de un
reciente libro de Cannadine sobre la clases sociales en Gran Bretaña
a partir de la revolución industrial es su afirmación del carácter
dual, a la vez realidad y representación, estructura social y
percepción de la misma, de la clase. Tras una larga trayectoria desde
el determinismo económico hasta el idealismo, el péndulo parece
situarse en un punto intermedio, próximo a las posiciones de Thompson,
aunque por el camino hayamos aprendido a valorar la intervención del
lenguaje. Fuente: David Cannadine,
The
rise anf fall of class in Britain, Nueva York, Columbia University Press,
1999 pp.15-23
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B En
las primeras décadas del siglo XIX la aristocracia era, en igual o mayor
medida que en muchas otras sociedades europeas de la época, la clase
dominante. Más allá de las diferencias existentes dentro de la
aristocracia entre una élite (los pares) de unos pocos centenares de
familias y una relativamente extensa gentry (más de diez mil
familias),
todos compartían la condición de terratenientes, base de su
riqueza, poder y prestigio, así como unas mismas prácticas de vida y
unos mismos valores.
-
1 Este cuadro
muestra la evolución de la
propiedad de la tierra. Las familias de la aristocracia (en el cuadro, grandes propietarios y
gentry)
pudieron conservar e incluso aumentar sus patrimonios a lo largo
de generaciones gracias a la protección legal frente a su posible
dispersión por herencia o venta (hasta 1882 la ley no facilitó la
venta de tierras vinculadas) y a la práctica de la endogamia. Fuente:
G.E. Mingay, The Gentry, Londres, Longman, 1976, p. 59
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2 Gracias a la
publicación, en 1873, de un nuevo censo de propietarios del suelo (Domesday
book), es posible conocer la distribución de la propiedad de la tierra
en el corazón de la época victoriana. Presenta una notable polarización entre unos pocos grandes propietarios, muchos de
los mayores de entre ellos
aristócratas, que poseen la mayor parte de la tierra (más del 55% de
la misma está en manos del 0,5% de los propietarios), y una mayoría
de minúsculos propietarios: más del 75% del total de los
propietarios lo son tan sólo del 0,5% de la tierra y ninguno de ellos
dispone de más de 1 acre (0,4 hectáreas) de superficie. Fuente:
Esteban Canales, La Inglaterra victoriana, Madrid, Akal, 1999, p. 102
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C La
caza formaba parte del estilo de vida de esta aristocracia. Para preservar
la caza el Parlamento, mayoritariamente compuesto por aristócratas,
había aprobado (sobre todo en la segunda mitad del siglo XVIII) una serie de leyes que
restringían la caza a los propietarios acomodados, penalizaban la caza furtiva e ilegalizaban
su venta. El resultado de estas medidas tan clasistas fue la generación
de conflictos con la población rural que, a la larga, contribuyeron a
minar el prestigio de la propia aristocracia.
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1 Condenas
por delitos de caza, 1839-43. Esta estadística, elaborada por el
Comité parlamentario encargado en 1845 de examinar las violencias que
se producían en torno a los derechos de caza, muestra el aumento de
infracciones contra esta legislación en algunos condados rurales, en
los que más de la cuarta parte de las condenas a varones por delitos
menores se debían a esta causa. A pesar de la evidencia, el grueso de
la legislación se mantuvo en pie. Fuente: Pamela Horn, The rural
world 1780-1850, Londres, Hutchinson, 1980, p. 180
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2 La
persistencia de la legislación y (desde 1862) unas mayores
atribuciones de la policía para registrar a los sospechosos,
mantuvieron en ascenso el número de delitos de caza hasta la década
de 1880. El lento descenso a partir de esta fecha se debió,
probablemente, a una mejora de la condición de vida en las zonas
rurales. Fuente: P. Horn, The
changing countryside,in Victorian and Edwardian England and Wales,
Londres, The Athlone Press, 1984, p. 105
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D La
posición de esta aristocracia se vio erosionada en las últimas décadas
del siglo XIX debido al descenso de las rentas, las reformas políticas y
la profesionalización de la administración, aunque la pérdida de
riqueza, poder político y prestigio social fue un fenómeno lento y se
produjo al tiempo que tenía lugar una cierta fusión entre la antigua
aristocracia y la nuevas élites del mundo de las finanzas y la industria
-
1. El temido descenso de las rentas pronosticado con ocasión de la abolición
de las Corn Laws se dejó sentir por fin un cuarto de siglo más
tarde, cuando la llegada de cereales extranjeros a bajos precios presionó
a la baja los precios de los cereales propios y obligó a reducir el
precio de las tierras arrendadas. Los ingresos de la aristocracia se
resintieron, aunque no siempre en la misma medida: sufrieron más quienes
no disponían de fuentes de ingresos alternativas y quienes no pudieron
efectuar la reconversión de las tierras a cultivos más rentables que los
cereales. En el cuadro adjunto se observa el desigual, aunque siempre
negativo, impacto de la crisis sobre sobre los ingresos de algunas grandes
propiedades durante las últimas décadas del siglo XIX. Fuente: P.
Horn, The
changing countryside, pp. 243-244
-
2. En este
texto escrito en 1906, lady Dorothy Nevill mira con nostalgia el
tiempo pasado, mediados del siglo XIX, cuando el estilo de vida y los
valores de la aristocracia no habían sido contaminados por la
irrupción de unos modos llegados de la mano de la presencia de las
fortunas hechas en los negocios en el antes selecto mundo de la
aristocracia y de la adaptación de ésta a las nuevas formas
de riqueza y gustos plebeyos. Fuente: P. Horn, The
changing countryside, p. 48
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E La
burguesía es en sí misma un grupo heterogéneo. Junto a los propietarios
de fábricas (el símbolo de la nueva clase surgida de la
industrialización) hay representantes del mundo de las finanzas y del
gran comercio, así como arrendatarios agrícolas y un amplio sector de
pequeños comerciantes, empleados públicos y profesionales que constituyen en conjunto la
extensa y poco precisa clase media.
-
1 Este texto de
Hobsbawm relaciona el origen de la burguesía con las diferencias de
intereses económicos existentes desde el inicio de la revolución
industrial y ve en los empresarios de la industria el núcleo en torno
al cual se configuró la clase burguesa. Fuente: Hobsbawm, "La
middle class inglesa...", Las burguesías europeas del siglo XIX,
pp. 231-235
-
2 Menos
influyente pero más numerosa fue la pequeña burguesía, un grupo de
carácter urbano que aquí Crossick identifica con los pequeños
propietarios de talleres, industrias y comercios de venta al menor,
especialmente importantes en centros provinciales y ciudades con
predominio de la pequeña empresa. Fuente: Crossick, "The
petite bourgeoisie in nineteenth-century Britain...", Shopkeepers
and master artisans, pp. 62-63
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3 Evolución de los
empleados varones de cuello blanco, 1851-1911. El desarrollo del
sector terciario (comercio, servicios) y el mayor peso del estado en
la esfera pública (funcionarios públicos, entre ellos maestros)
explican el notable crecimiento de estos empleados, que casi triplican
su peso proporcional en el conjunto de la mano de obra masculina entre
1851 y 1911. Fuente: Crossick,
The Lower Middle Class, p 19
-
4 Crecimiento del sector profesional en el último tercio del
siglo XIX. La información de este cuadro, que se solapa con la del
anterior en el caso de los maestros, muestra el también notable
crecimiento del mundo de las profesiones (se dobla sobradamente en
cifras absolutas entre 1861 y 1901). Este incremento guarda relación con el aumento de funcionarios del estado (en
la enseñanza) y con la ampliación de las salidas profesionales
propiciada por el desarrollo económico y urbano. Fuente: Gourvish,
Later Victorian Britain, p. 20
El artículo de Donna Loftus The rise of
the Victorian middle class, incluido en una sección de la extensa
web de historia de la BBC, trata del desarrollo de la clase media y de
los valores característicos de la misma |
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F En todo caso, industriales,
financieros y grandes comerciantes fueron por su riqueza y su influencia
los componentes principales de esta burguesía. Los
primeros tuvieron un mayor peso en las ciudades industriales del
centro-norte de Inglaterra, cuyas corporaciones municipales llegaron a
dominar, mientras que los segundos se situaban en Londres, cuya City era
el corazón de las finanzas y el comercio internacional.
-
1 Se ha discutido sobre la
importancia de una u otra burguesía. Los datos elaborados a partir del impuesto sobre la renta parecen
apuntar hacia un mayor peso del área de Londres frente a Lancashire y
Yorkshire, sobre todo a partir de
la segunda mitad del siglo XIX, lo que, junto con la presencia entre las
mayores fortunas de financieros y comerciantes, avalaría el
predominio económico de la burguesía de la City. Pero esto no tiene
por qué suponer negar a la burguesía industrial su carácter
decisivo en la conformación de una identidad de clase. Fuente: Rubinstein, Capitalism, Culture,
and the Decline in Britain, p. 36
-
2 Los orígenes sociales de los
fabricantes británicos de las generaciones que vivieron la
revolución industrial eran, por lo general, modestos, aunque no
humildes: en su mayor parte procedían de familias con algunos
recursos (pequeños propietarios o arrendatarios rurales, empresarios
de la industria doméstica, comerciantes de poca envergadura), que
pudieron aportar los capitales iniciales necesarios. Trabajadores y
clase alta tienen menor presencia. Fuente: M.J. Daunton, Progress
and poverty. An economic and social history of Britain 1700-1850,
Oxford, OUP, 1995, p. 198
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G Los
diversos sectores de la burguesía compartieron algunas de las ideas que
serían inspiradoras de la organización de la sociedad británica y de la
acción de sus gobiernos a lo largo del período victoriano: la existencia
de mecanismos autorreguladores del mercado, la capacidad del individuo
dejado a su suerte de mejorar su propia condición, la menor interferencia
de los poderes públicos en la actividad productiva. Eran planteamientos
que se hallaban en los padres de la economía política, desde A. Smith a
J.S. Mill, aunque formulados con unas cautelas que sus vulgarizadores no
tuvieron en cuenta.
-
1 Adam Smith
(1723-1790) fue el economista más influyente durante la primera mitad
del siglo XIX y su obra La riqueza de las naciones se
conviritió en la biblia del pensamiento económico liberal. En estas
citas extraídas de ella se aprecia la creencia en la iniciativa de
los individuos en contraposición a los obstáculos de instituciones y
gobiernos, en la feliz transmutación en bien común de las múltiples
iniciativas individuales a la búsqueda de su propio provecho (la
famosa "mano invisible") y en la reducción de las funciones
de la esfera pública, aunque no defiende su desaparición. Fuente: Adam
Smith, La riqueza de las naciones, 1776. Citas reproducidas en Robert
L. Heilbroner, The essential Adam Smith, Oxford, OUP, 1986, pp. 241,
265 y 289
-
2 John Stuart Mill
(1806-1873) mantuvo, tanto en el terreno de la filosofía política
como en el del pensamiento económico, unas posiciones que aunaron la
defensa de los principios del liberalismo con la preocupación por las
desigualdades políticas y sociales. En los Principios de economía
política (1848), obra de incidencia similar a la de Smith, la firme
aceptación de la no intervención del estado como principio general
se acompaña de la defensa de su presencia en la prestación de
servicios públicos y en la corrección de las diferencias generados
por la economía de mercado. Fuente: John Stuart Mill, Principles
of political economy (1848), Londres, Routledge and Kegan Paul, 1965,
pp. 945-948
-
3 Samuel Smiles 1812-1904 fue unos de los mayores popularizadores de las ideas liberales:
la autorregulación de los mercados, la superación mediante el
esfuerzo individual, la desconfianza en las medidas protectoras del
estado fueron algunos de los principios que están presentes en sus
obras. Self-Help, un libro aparecido en en 1859 del que se hicieron
, fue la de más éxito. El fragmento que aquí se recoge compendia la
fe en el liberalismo y en el individualismo. Fuente: Samuel
Smiles, Self-Help, pp. 1-2. Reproducido en
J.T. Ward, The factory system. Vol. I: Birth and growth, Newton
Abbot, David & Charles, 1970, pp. 82-84
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H La
lucha por la reforma política fue uno de los grandes movimientos sociales
británicos de la década de 1830. La reivindicación del derecho a voto
en las elecciones parlamentarias, que comportaba una profunda reforma del
sistema electoral, fue el objetivo de una burguesía que coqueteó con la
población trabajadora para forzar a la clase gobernante a aceptar la
reforma. Los términos de ésta, satisfactorios para las capas medias de
la sociedad, fueron vistos por los sectores populares, excluidos del
derecho a voto, como una traición cometida a la causa de la reforma.
-
1 Uno de los
rasgos más denostados del sistema electoral era la desigual
representación de los núcleos urbanos, cuyo origen se remontaba a la
época medieval. Correspondían a estos boroughs más de 400
escaños en la Cámara de los Comunes por Inglaterra y Gales (otro
centenar escaso de escaños estaban reservados a los condados), pero
muchas de las localidades con derecho a elegir representantes eran
minúsculas aldeas con muy pocos habitantes, en las que el
terrateniente del lugar podía imponer fácilmente su candidato (burgos
podridos), más aun si tenemos en cuenta que el voto era público. En
el otro extremo, ciudades desarrolladas en los últimos cien años al
impulso del crecimiento comercial e industrial no tenían derecho a
voto. El mapa sitúa geográficamente estos casos: los burgos podridos
abundan en el suroeste del país mientras las ciudades privadas de
representación se concentran en corazón industrial de Inglaterra. Fuente: C.
Cook y J. Stevenson, Longman Atlas of modern British history, Londres,
Longman, 1978, p. 162
-
2
Este mapa, complementario del anterior, insiste en la escasa o nula
presencia de las nuevas grandes ciudades, en contraste con la
presencia en el Parlamento de localidades desiertas como como Old
Sarum o Dunwich o la abundancia de lugares representados en Cornwall,
y la desproporción entre unos y otros condados -en el mapa Yorkshire
y Rutland aparecen como extremos-, todos ellos con idéntica representación en el
Parlamento. Fuente: Michael Scott-Baumann, Reforming Britain
1815-1850, Londres, Hodder Murray, 2006, p. 57
-
3 Los
planteamientos en favor de la reforma, reprimidos durante los años de
las guerras con Francia, resurgieron a partir de 1815, esta vez
también apoyados por sectores burgueses. Jeremy Bentham (1748-1832)
fue en muchos sentidos portavoz ideológico de esta burguesía. En
1817 había publicado un Plan para la reforma parlamentaria en el que
defendía el voto secreto, la convocatoria anual de elecciones al
Parlamento y un sufragio casi universal para los varones no
analfabetos. El respaldo teórico de estos planteamientos, tal como
está expuesto en el texto que figura a la izquierda, era el
utilitarismo, la creencia de que los gobiernos e instituciones han de
promover la mayor felicidad para el mayor número de personas. Fuentes:
Jeremy Bentham, An introduction to the principles of morals and
legislation (reprint ed. 1823, Nueva York, Hafner Press, 1948, pp.
2-3); Constitutional Code (1830), reproducido en Spartacus,
Jeremy
Bentham
-
4 Un sector de
la aristocracia, alineada en el partido
whig,
asumió la oportunidad de la reforma. Las razones para hacerlo las supo
exponer el entonces joven parlamentario Thomas Macaulay, en discurso del
2-3-1831, del que procede la cita que aparece en la pantalla de la
izquierda: conviene conceder el derecho al voto a quienes comparten
con nosotros la defensa de la propiedad para poder integrarlos en un
frente común. La reforma se concibe como una operación destinada a
efectuar los cambios imprescindibles (dar voto en las nuevas ciudades
industriales a la parte más respetable de la población que vive en
ellas, acabar con lo peor de los burgos podridos, sinónimo de
corrupción de la aristocracia) sin modificar la correlación de poder. Fuente: Wright, Democracy and
Reform, Londres, Longman, 1970, p. 117
-
5 La
aprobación de una ley de reforma en términos moderados, que
permitiese a la clase media el ejercicio del voto, encontró una
fuerte oposición en los sectores tories, que habían gobernado el
país hasta 1830 y seguían controlando la Cámara de los Lores. Para
estos tories, la tradicional elección de la los Comunes ya
aseguraba la representación de los intereses de los diversos
sectores del país, pues dicha representación no necesitaba ejercerse
directamente, sino a través de unos diputados que, por el hecho de
serlo, asumían la defensa de aquellos intereses. Por idéntico
motivo, tampoco era necesario que toda la población de un
demarcación electoral tuviese derecho a voto. El discurso del
diputado Robert Inglis reproducido aquí es característico de esta
manera de pensar. Fuente: Hansard’s
Parliamentary Debates, II (1 de marzo de 1831). Reproducido en Sean
Long, Parliamentary Reform 1785-1928, Londres, Routledge, 2006, p. 20
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6
Junto a la creencia en este razonamiento, que daba por supuesto el
derecho de una élite a ejercer el gobierno del país, en la oposición
a la reforma se esconde el temor a que cualquier cambio en la
constitución histórica acabase desencadenando un proceso que pusiese
en peligro las prerrogativas de la aristocracia. Es lo que revela la intervención de Robert
Peel ante los Comunes con ocasión del debate sobre el proyecto de
reforma presentado por los whigs. Fuente:
Paul Adelman, Peel and the Conservative Party 1830-1850,
Londres, Longman, 1989, pp. 100-101
-
7
Para vencer la
oposición a la reforma, se exageró la amenaza de una alianza de
la burguesía con los trabajadores. Aunque es cierto que las
resistencias de los tories a la reforma despertaron hostilidad, que se
tradujeron en episodios de protesta violenta (por ejemplo, en Bristol),
también lo es que entre los
sectores populares la alianza con las clases medias no se contempló con entusiasmo. Sirva
de muestra este texto aparecido el 15 de octubre de 1831 en el Poor Man's Guardian, un
periódico no legal -rehúsa pagar el stamp act o impuesto sobre
la prensa- pero ampliamente leído por los trabajadores, que estaba
vinculado a la Unión Nacional de las Clases Trabajadoras,
reacia a colaborar con el movimiento en pro de la reforma. Fuente: Vyvyen Brendon, The Age of Reform 1820-1850,
Londres, Hodder & Stoughton, 1994, p. 23
-
8 La medida, cuando finalmente fue
aprobada (1832), supuso una modesta ampliación del censo electoral, en beneficio
de la burguesía (gracias a la concesión de escaños electorales a las
ciudades de importancia que hasta entonces no disponían de
representación), y una eliminación de algunas de las minúsculas
localidades (desaparición de 56 burgos podridos) en las que más fácil era el control
del votante, sin que por ello la aristocracia perdiese el control de
los resortes de gobierno (mantenimiento del voto público y de la Cámara
de los Lores como cámara no electiva). Por otro lado, la
implantación de unos determinados requisitos de riqueza excluyó del
voto a la población trabajadora. Los cambios en el tamaño electorado y en las
circunscripciones electorales figuran en
el cuadro adjunto. Fuente: C. Cook y B. Keith, British historical
facts 1830-1900, Londres, Macmillan, 1975, pp. 115-116; Eric J. Evans,
The Great Reform Act of 1832, pp. 50-51
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I Existen
en la red diversos lugares que se ocupan de la reforma de 1832, sus causas
y sus consecuencias:
-
La
Peel Web de Marjie Bloy tiene una sección dedicada a The
Reform Act Crisis, con información sobre el contexto de la crisis, sus
principales actores y los resultados de la misma. Incluye una cronología.
-
Parliamentary
Reform,
1750-1832, parte de la Encyclopaedia of British History, comenta los movimientos en
favor de la reforma del Parlamento británico y otros acontecimientos relacionados, en
especial durante el período que condujo a la ley de reforma de 1832, con inclusión de
biografías, legislación, bibliografía y enlaces internos
-
The Victorian
Web tiene,
en la sección política, cuatro páginas sobre la reforma de 1832:
Reform
Acts,
The
Reform Act Crisis,
Terms
of the 1832 Reform Act y
How
Did the Tories Recover after the 1832 Reform Act?
-
Bristol - Riots, sección de una
web dedicada a la historia de esta ciudad, escenario a finales de
octubre de 1831 de violentas protestas en favor de la Reforma
parlamentaria. Las dos primeras imágenes de la izquierda (1 y 2), tomadas de la
indicada web, muestran escenas de los incendios en Queen Square y de
la represión por el ejército de los amotinados (31 de octubre), que
provocó varios centenares de víctimas. Bristol era una ciudad
representada en los comunes, cuyo obispo se había opuesto a la
reforma en la Cámara de los Lores. En el curso de la revuelta fueron
incendiados y saqueados varios edificios oficiales, entre ellos el
palacio episcopal
-
La
web dedicada al antiguo barrio de los joyeros, en Birmingham,
contiene varias páginas sobre la reforma en esta ciudad, que fue uno
de los centros de agitación reformista y sede de la Birmingham
Political Union, asociación con carácter interclasista que convocó
un multitudinario mitin en mayo de 1832, recogido en la última de
las imágenes de la izquierda, procedente de la indicada web
-
Lord Grey - 1832 Reform Act analiza también de forma breve la
actuación del primer ministro whig durante la crisis de la reforma.
Por E.A. Smith.
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J El
otro gran movimiento de la época con protagonismo burgués fue el de la
lucha en favor de la abolición de la legislación de cereales. A
pesar de los esfuerzos de sus ideólogos por presentar su causa como la
causa de toda la sociedad, el movimiento no consiguió sobrepasar las
fronteras burguesas, aunque la liberalización del comercio de granos
acabó imponiéndose cuando una parte de los dirigentes políticos
comprendió que la medida no pondría en peligro los ingresos que
obtenían los terratenientes y el hambre en Irlanda añadió urgencia a la
medida.
-
1 La
legislación que, desde 1815, dificultaba la entrada de cereales
extranjeros al mercado británico, en un claro intento de mantener los
precios internos artificialmente elevados para así evitar la caída
de los ingresos de la aristocracia rentista, resultaba insostenible
desde la perspectiva del liberalismo económico y fue, por tanto,
objeto de críticas antes de que se formalizase un movimiento social
de oposición. El texto de Torrens (1780-1864), un economista
contemporáneo de Ricardo, desarrolla una argumentación que luego
será retomada por los defensores de la abolición: la legislación,
al provocar la disminución de los beneficios de la industria,
perjudica tanto a patronos como a trabajadores. Fuente: Robert
Torrens, On wages and combination (1834), reprint, Nueva York,
Augustus M. Kelley, 1969, pp. 123-133
-
2 La Anti-Corn
Law League, creada en 1839, se presentó desde el principio como
valedora de los intereses generales frente a los miopes intereses
sectoriales defendidos por la aristocracia gobernante. En este
discurso Richard Cobden, uno de los adalides de la abolición, insiste
en defender la conveniencia universal de la abolición: incluso los
agricultores saldrán beneficiados, al ampliarse la capacidad de
consumo de la población. Fuente: Cobden (Speeches,
1870, 1, pp. 118-133), citado en Tonge y Quincey, British Social and
Economic History, pp. 47-48
-
3 La Liga
abolicionista, demasiado identificada en su origen (la patronal de
Manchester) con los intereses de los fabricantes, puso especial
cuidado en intentar atraer a su causa a la población trabajadora,
aunque el éxito fue escaso, en una época en que todavía estaba
reciente el comportamiento insolidario de la burguesía a propósito
de la reforma parlamentaria y el Cartismo despertaba mayores
esperanzas. En este texto (8 febrero 1844) Cobden señala en primer
lugar el perjuicio que para los trabajadores representa el
mantenimiento de la legislación, aunque también denuncia el trato
discriminatorio recibido por los industriales frente a los
terratenientes. Fuente: Cobden (Speeches,
1870), reproducido en Castronovo y Peres, La revolución industrial,
pp. 96-97
-
4 John Bright,
empresario como Cobden, aportó al movimiento abolicionista la
sensibilidad contra los privilegios característica del mundo de la
disidencia religiosa (el propio Bright era cuáquero y había
impulsado en su juventud la campaña contra el pago de diezmos a la
Iglesia anglicana). Su discurso tiende a centrarse, como lo hace
aquí, en los privilegios políticos de que disponen los
terratenientes. Fuente: Eric
Evans, The
birth of modern Britain 1780-1914, Londres, Longman, 1997, p. 159
-
5 Falta de
apoyos políticos de peso, la Liga se embarcó en una campaña de
movilización de la opinión pública mediante celebración de
discursos, edición de folletos, recaudación de fondos y, como en el
caso de esta imagen, recogida de firmas. El mobiliario y la vestimenta
de quienes aparecen sugiere un ambiente poco acomodado. Fuente: Nicholas Bentley, The Victorian scene
1837-1901, Londres, Weidenfeld & Nicholson, 1968, p. 22
-
6 David Eastwood
explica los motivos que condujeron al primer ministro Peel a
inclinarse en favor de la abolición. Para este historiador el factor
decisivo que decantó la balanza en favor de la abolición fue la
crisis de subsistencias que se avecinaba en Irlanda. El apoyo de Peel
a la medida le costó el puesto de primer ministro y ocasionó la
ruptura del partido Conservador. Fuente: D. Eastwood, "The Corn Laws
and their repeal 1815-1846", History Review, 25, september 1996
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K Se
puede encontrar información sobre la legislación de cereales, la
oposición que suscitó y la abolición de las Corn Laws en los siguientes lugares de la red:
-
La Peel Web de Marjorie Bloy tiene una
sección dedicada a The Corn Law Debate, con información sobre
el tema y sus protagonistas y textos de época. De ahí procede la
imagen adjunta, que representa a los dos principales líderes del
movimiento, Richard Cobden y John Bright
-
Las leyes de cereales y su abolición son
tratadas en tres páginas de The Victorian Web, dentro de la
sección de historia política:
The
Corn Laws,
The
Campaign for the Repeal of the Corn Laws y
Richard
Cobden.
-
El
Marx/Engels Internet Archive incluye, en traducción inglesa,
este artículo de Friedrich Engels, escrito en publicado en 1845 en
una revista alemana, en el que se explica la historia de las Corn
Laws y del movimiento en favor de su abolición
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