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LA OPINIÓN DE UN INSPECTOR DE FÁBRICA Una gran fuente de las desgracias sociales que afligen a las clases trabajadoras es su pésima condición sanitaria, tanto física como moral. Es ahora, en el siglo XIX, cuando la atención pública se ha centrado por completo en este tema y, ved, en cuantos lugares se comenta y cuantas personas, demasiado obtusas para comprender las grandes cuestiones de vida, aire, ventilación, decencia y moralidad, presentan a sus padres como ejemplos de longevidad en las mismas localidades en las que se describen los perjuicios de la malaria, razón por la que según ellas no habrían de tenerse en cuenta las teorías sobre la vida y la muerte y las influencias etnológicas, olvidando la diferencia de densidad de población en la misma área, y con ella la diferencia en las causas de enfermedad. Sin embargo, hay algo notable en la conducta de la mayoría de estos objetores de las mejoras sanitarias racionales y es que, mientras se esfuerzan en sostener la no necesidad de intervención, huyen del suelo paterno a algún lugar más agradable. El gran objetivo de los constructores durante muchos años ha sido edificar el mayor número posible de viviendas sobre un área determinada, sin preocupación alguna por la salud, decencia o moralidad, cosas todas ellas esenciales para la felicidad humana y en estrecha relación con la ventilación, el espacio y la limpieza. Si por un momento consideramos las condiciones locales de las grandes ciudades manufactureras, veremos cuán contradictorias resultan desde el punto de vista sanitario. Gran cantidad de casas se han situado buscando la mayor comodidad para el trabajo, apretadas en el menor espacio posible, divididas en calles de entre 4 y 10 yardas [1 yarda = 0,9 m.] de ancho, sin pavimento, alcantarillado ni limpieza, formando cuadrados, con varios pasajes de menos de 3 de ancho, aquí y allá con algún servicio impracticable –con un suministro de agua deficiente– entre el más denso de los humos y junto a pestilentes arroyuelos. Estas áreas se han ido convirtiendo en lo que ahora son en el curso de los años: el terreno en torno a ellas era antes abierto y el aire estaba menos impregnado de humo y olores; ha sido la prosperidad del lugar lo que ha hecho de ellas lo que ahora son (...) ¿Dónde residen, en tales ciudades, las clases altas? Las calles en las que viven tienen entre 16 y 20 yardas de ancho. ¿Precisan esta amplitud las casas o las personas que las habitan? Estas anchas calles disponen de alcantarillado y están pavimentadas y enlosadas. ¿Por qué? Porque sin estas comodidades apenas podría desarrollarse la vida social y porque el aire que despiden las superficies produce malaria. Cada casa tiene un buen suministro de agua pura. Porque el agua fácilmente accesible para cualquier uso es un elemento esencial de confort. Tienen abundancia de habitaciones amplias y generosas, porque sus habitantes saben la ventaja que es para la salud el aire puro y para la moralidad la separación de sexos. Esteban Canales, Siete paseos por la Inglaterra victoriana. Fuente: Robert Baker, The present condition of the working classes, generally considered. Conferencias celebradas en la Bradford Church Institution (Bradford, 1851); texto reproducido en J.T. Ward ed.), The factory system, vol. II: The factory system and society, pp. 30-31 |